EMOJIS Y LA DESPROPORCIONADA INTERCULTURALIDAD

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No sé si a vosotros os parece una estupidez la celebración de este #DíaMundialDelEmoji (o #WorldEmojiDay). A mí un poco sí. Al menos me da la sensación de que estos días mundiales e internacionales son un cajón de sastre donde meter cualquier cosa.

Los emojis no sólo tienen su día, sino que también tienen una emojipedia y un inventor:  Jeremy Burge. Y todo para explicar el significado visual universal de cada muñequito. Aquí es donde empieza a entrarme curiosidad.

¿Acaso no estamos hartos de hablar de un mundo globalizado, de vivir en interculturalidad y de esta especie de afán por resaltar la identidad de cada uno? Pues con todo esto, resulta que somos capaces de entendernos y comunicarnos con los mismos emojis, ya vivas en Seúl, en Dallas o en Cuenca. Y, curiosamente, para utilizar nuestros emojis no somos tan quisquillosos con la propia cultura, el estilo de cada uno. Esas frases que me temo se oyen cada vez más: “no puedes entenderlo porque no eres de xxx (cada uno ponga su país o lugar)”, “es que nosotros, los xxx (cada uno ponga la procedencia que prefiera) no hacemos esto así porque tenemos otras ideas”… 

Con los emojis la distancia sociocultural se va diluyendo hasta casi desaparecer. Intercambio mensajes con hermanas africanas en Argentina, asiáticas en Zaragoza, europeas en República Dominicana o americanas en Sri Lanka. Cuando el español y el medio inglés nos complica el saludo, los emojis siempre suplen. Y nos entendemos. Tenemos distinto modo de procesar la realidad, de actuar, de descansar, hasta de rezar, pero todas entendemos una sonrisa, un ceño fruncido, unos ojos tristes, una cara de asombro… 

Al principio había pocas opciones; enseguida se han multiplicado los matices y eso es mejor noticia. Por un lado simplificamos nuestro mundo interior para poder expresarlo y que el otro nos comprenda y acoja; eso puede ser nefasto, sobre todo si nos acostumbramos, como adolescentes, a manejar símbolos y abandonar las palabras. Pero por otro lado, ¿quién nos dice que muchos de los problemas de interculturalidad y falta de entendimiento en nuestro mundo, en la Iglesia, no pudieran mejorar si simplificamos nuestras emociones y nos centramos en un gesto esencial, un emoji?

Será cuestión de probar. 樂

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