En el programa del Sínodo 2018 (http://www.synod2018.va/content/synod2018/es.html) el Papa Francisco ha querido abrir un nuevo espacio de reunión entre jóvenes y padres sinodales. Un encuentro titulado “NOI PER- Unici, solidali, creativiti”, celebrado el 6 de octubre en Roma y en el que he tenido la suerte de participar.

Resulta esperanzador que la Iglesia quiera reconocer y poner el foco de atención en la juventud. Entusiasma ver que se nos da voz a jóvenes de distintas nacionalidades y con historias diferentes, abriendo cuestiones de todo tipo: búsqueda de la propia identidad, relaciones, vocación, redes sociales, persecución, sexo, trabajo digno, corrupción…

Las palabras del Papa Francisco sonaron alto y claro en medio de ello: invita a hacer nuestro propio camino en la búsqueda del bien, la verdad y la belleza; sin imitar lo que otros hacen, con coherencia. Una coherencia que no veremos en quienes leen las bienaventuranzas pero después caen en el clericalismo más escandaloso y el abuso de poder. Al contrario, que nuestro poder sea el del servicio y el abrazo a lo diverso, sin cerrarnos, porque cerrados no se avanza.

¡Por cierto! No es solo tarea de los jóvenes, es camino que afecta a todos: mayores, medianos y pequeños. Porque el árbol no da fruto solo, porque los jóvenes necesitan raíz. Francisco cerró el encuentro citando a un poeta y recordando que lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado. ¡Busquemos juntos horizontes, no seamos testigos de desesperanzas!