“A cada día le basta su afán” (1)

Entre la Debilidad y La Fortaleza

VIVIR PASO A PASO: “A cada día le basta su afán” (Mt 6,24)

«Has sacado fuerza de lo débil, haciendo de la fragilidad tu propio testimonio». La liturgia de la Iglesia, en el Prefacio de Mártires, te echa un cable de esos que son para no soltar ya nunca. En nuestro ámbito “cool”, “happy flowers”, repleto de “selfies”, va y en una misa escuchas esto. Que te sacude y al mismo tiempo te corrobora. Que te tumba para atrás y te confirma que la fuerza del alma, la fuerza de ánimo o de espíritu, la fuerza de la fe, es súper necesaria para, simplemente, vivir como un ser humano. O sea, dignamente. Como hijo/a de Dios.

El Evangelio te dice que no te duermas. Que este vivir requiere práctica y humildad: Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza (Lc 21,36). El seguimiento de Jesús es eso: ser consciente de que eres frágil, pero no para resignarte a sobrevivir en la pusilanimidad. Como aquel loco de Dios que fue el santo de Loyola, se trata únicamente de pedir, insistentemente, machaconamente, como un mendigo: “Dadme vuestro amor y gracia que ésta me basta” (Contemplación para alcanzar amor). Porque lo importante es que se muestre el poder del Crucificado-Resucitado, no mi postureo (mi voluntarismo, mi ego).

A estas alturas, ya sabrás (como Teresa, la loca de Ávila) que sólo “estando junto al Fuerte se te pega fortaleza” (cf. Moradas 7,4,10). En estos “tiempos recios”, se te necesita: atrévete a ser de los “amigos fuertes de Dios”… para amar. Sinónimo de sostener a los débiles (cf. Vida 15,5).

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