Entre la oscuridad y la luz

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En ocasiones sentimos que perdemos el control sobre lo que vivimos y las palabras del profeta: “como un tejedor devanaba yo mi vida y me cortan la trama”, se hacen carne en nosotros…

Es cierto que hay momentos en los que las circunstancias pueden dar un vuelco, con el que no contábamos, a nuestra existencia, llevándonos por caminos que ni siquiera imaginábamos… Pero a veces no son las circunstancias, sino las personas cercanas, las que con mayor o menor acierto, nos obligan a dar un giro inesperado, torciéndonos el camino… 

En estos momentos especialmente dolorosos, no debemos olvidar que no hay sendero suficientemente angosto o torcido para que Dios no pueda salirnos al paso, pues solo Él es capaz de enderezar esos renglones torcidos de nuestra vida, escribiendo sobre ellos de la forma adecuada. Por eso, aunque el camino sea difícil y oscuro; a pesar de que  experimentes que has perdido pie y sientas que tu vida ha sido levantada y enrollada como si de una tienda -o alfombra- se tratase, no desesperes, todo tendrá un sentido, porque solo Él conoce el camino que es el tuyo…. 

“Reina en mí la oscuridad, pero en Ti está la luz;

estoy solo, pero Tú no me abandonas;

estoy desalentado, pero en Ti está la ayuda;

estoy intranquilo, pero en Ti está la paz;

la amargura me domina, pero en Ti está la paciencia:

no comprendo tus caminos,

pero Tú conoces el camino recto para mí” 

(D. Bonhoeffer)

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