Envejecemos

En el 2050, más del 20% de la población mundial tendrá más de 60 años. No es una novedad. Aquellas graficas sobre las pirámides poblacionales que tuvimos que estudiar en el colegio ya nos lo señalaban: envejecemos.
Según el informe «Perspectivas de la Población Mundial», se espera que el número de personas mayores, es decir, aquellas de 60 años o más, se duplique para 2050, pasando de 962 millones en 2017 a 2.100 millones.
Desde 1990, cada 1 de octubre la ONU invita a celebrar el Día Internacional de las Personas de Edad, como expresión de la preocupación por el envejecimiento de la población. Su objetivo es poner de manifiesto la necesidad de posibilitar y aumentar la contribución de las personas mayores en sus familias, comunidades y sociedades, y garantizar su participación, teniendo en cuenta sus derechos y preferencias.
El envejecimiento de la población se está convirtiendo en una de las transformaciones sociales más significativas del siglo XXI, y ya está teniendo consecuencias para casi todos los sectores de la sociedad. En el mercado laboral, aumenta su presencia, no sólo debido a la prolongación de la edad de jubilación, sino también a la disminución de la creación de empleo. También lo vemos en la demanda de bienes y servicios, por ejemplo, en el incremento de las residencias de mayores. Pero sobre todo, se han generado cambios en la estructura familiar y en los lazos intergeneracionales. Los niños y jóvenes van a la escuela y los ancianos a las residencias, debilitando los vínculos familiares.
El Papa Francisco, reflexionaba en marzo de 2015 sobre la situación de los ancianos: «Gracias a los progresos de la medicina la vida se ha alargado: pero la sociedad no se ha «abierto» a la vida. El número de ancianos se ha multiplicado, pero nuestras sociedades no se han organizado lo suficiente para hacerles espacio, con justo respeto y concreta consideración a su fragilidad y dignidad. Mientras somos jóvenes, somos propensos a ignorar la vejez, como si fuese una enfermedad que hay que mantener alejada; cuando luego llegamos a ancianos, especialmente si somos pobres, si estamos enfermos y solos, experimentamos las lagunas de una sociedad programada a partir de la eficiencia, que, como consecuencia, ignora a los ancianos. Y los ancianos son una riqueza, no se pueden ignorar.
 
En Occidente, los estudiosos presentan el siglo actual como el «siglo del envejecimiento»: los hijos disminuyen, los ancianos aumentan. Este desequilibrio nos interpela, es más, es un gran desafío para la sociedad contemporánea. Sin embargo, una cultura de la ganancia insiste en presentar a los ancianos como un peso, un «estorbo». No sólo no producen, piensa esta cultura, sino que son una carga: en definitiva, ¿cuál es el resultado de pensar así? Se descartan. Es feo ver a los ancianos descartados, es algo feo, es pecado. No se dice abiertamente, pero se hace. Hay algo de cobardía en ese habituarse a la cultura del descarte, pero estamos acostumbrados a descartar gente. Queremos borrar nuestro ya crecido miedo a la debilidad y a la vulnerabilidad; pero actuando así aumentamos en los ancianos la angustia de ser mal soportados y abandonados.
Una primera cosa es importante subrayar: es verdad que la sociedad tiende a descartarnos, pero ciertamente el Señor no. El Señor no nos descarta nunca. Él nos llama a seguirlo en cada edad de la vida, y también la ancianidad contiene una gracia y una misión, una verdadera vocación del Señor.
¡Cuánto quisiera una Iglesia que desafía la cultura del descarte con la alegría desbordante de un nuevo abrazo entre los jóvenes y los ancianos! Y esto es lo que hoy pido al Señor, este abrazo.»
¿Qué podemos hacer tú y yo, nosotros?
Aunque te parezca que pueda ser poca cosa, hay muchos gestos “pequeños” y concretos que nos pueden ayudar a tomar conciencia de la realidad en la que viven nuestros mayores y poder ir articulando espacios de relaciones que posibiliten una vida digna en la ancianidad y un mayor enriquecimiento entre las generaciones.
  • Valora
Piensa en las personas mayores que están en tu entorno y valora lo que ellas aportan a la sociedad: conocimiento y experiencia, fe y esperanza, gratuidad y servicio, ….
  • Enrédate
Recientemente los mayores en España salían a la calle reclamando su derecho a una pensión digna. Conoce y súmate a sus reivindicaciones y apóyalos en sus necesidades: paliar la soledad, favorecer que puedan tener un envejecimiento saludable, facilitar su autonomía para que puedan permanecer en su entorno habitual, defender que reciban un trato adecuado y protegerlos frente al maltrato, abuso o negligencia…
  • Ora
Da gracias a Dios cada día por el don que recibimos de nuestros mayores y pídele que nos ayude a promover una sociedad del encuentro y la acogida.
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