Esperar por otros: Contagiar optimismo

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Aunque “Evangelio” significa literalmente “buena noticia”, nuestra vida y nuestras palabras no siempre se caracterizan por ser positivas y parece que es más fácil mostrar cierta atracción ante lo negativo. Nos resulta más sencillo descubrir lo malo que lo bueno, los defectos que las virtudes, los motivos para la desesperanza que aquellos que nos invitan a confiar en que el porvenir será mejor. Igual este es el motivo por el que es tan necesario vivir año tras año el adviento. 

En este tiempo litúrgico se nos recuerda que la última palabra en este mundo es de Amor y la tiene Jesucristo. A pesar de las injusticias, de los conflictos, del sufrimiento de los pobres, el Señor lo es también de la historia y esta película “va a acabar bien”, aunque no sepamos cómo. Como escucharemos el primer domingo de adviento, Jesús nos sigue diciendo eso de “ánimo, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación” (Lc 21,28). Quienes intentamos seguir a Jesús tendríamos que ser unos expertos en vivir con ese ánimo y esa esperanza que provoca saber que estamos en Buenas Manos y que la salvación plena, cuando ya no haya llanto ni dolor para nadie (Ap 21,24), está cada vez más cerca. Y al vivir así, con “la cabeza alzada”, compartiremos con los demás esa mirada positiva a la vida. ¿Y si nos proponemos contagiar optimismo?

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