ESPERAR POR OTROS: DESDE EL ACOMPAÑAMIENTO

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El acompañamiento es una clave relacional de cuidado mutuo, de custodia compartida, de caminar juntos. Nadie crece solo ni de repente. Podemos aplicarlo a la familia, la vida comunitaria, el trabajo, la misión apostólica, al ejercicio del liderazgo, la amistad…, siendo acompañantes y acompañados al mismo tiempo. Lo esperan las personas mayores necesitadas de cuidados y ternura, las de edad media en plena etapa productiva, las personas jóvenes que van tejiendo su vida y necesitan creer y esperar en un futuro mejor. Lo necesitan personas que tienen en sus manos decisiones importantes, del tipo que sean. Todos necesitamos un consejo, un hombro donde apoyarnos, una mano amiga, un oído atento y paciente para nuestros interrogantes, una mirada benevolente. Y como cada uno lo espera de los demás, igual debemos ofrecerlo. 

Dice el refrán que una alegría compartida se multiplica y una pena se divide. Es bueno saber que cuando mi esperanza flaquea, alguien a mi lado espera por mí y conmigo. Qué bueno saber que no voy sola por la vida y que alguien me sostiene, me cuida, me fortalece con su sola presencia y paciencia, me hace más fácil el camino -como decimos las Claretianas-, al recorrerlo juntos. Ojalá encuentres ese acompañante. Ojalá lo seas tú para alguien.

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Gracias por mi nombre

Si alguien sabe lo importante que es tener nombre propio es María, la de Magdala. Algunos la llamaban Magdalena. Otros la buscaban