«Esperar por otros implica… no hurgar en la herida»

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Hay personas que son como agujeros negros… De lejos pasan inadvertidas, pero como te acerques demasiado, te arrastran hacia su oscuridad. Viven en la desesperanza, en el vaso medio vacío, en el peor escenario, en la torcida sospecha. Se alimentan de la luz ajena, pero no hacen otra cosa que extinguirla. Siempre tocan donde duele, sin otro propósito que hacer daño, pues no soportan el gozo ajeno. 

No pueden remediarlo. Son personas muy desgraciadas, por muy bien que les vaya en la vida. 

Hay personas que son como enanas blancas. Dan calor y luz donde escasea.  Tiene el don de sacar lo mejor de los demás. En momentos de crisis no desfallecen, saben tocar las teclas exactas para reconstruir sin rozar las heridas. Rehabilitan dignidades e iluminan senderos. Faros de esperanza en las peores tormentas. No les sale gratis. Al igual que las enanas blancas, son estrellas que dan luz y calor a costa de ir quemando su propia energía. Tampoco ellas pueden remediarlo. Su naturaleza es ser-para-otros. Tengo el privilegio de conocer a alguna de cerca. Son como el Sol: imprescindibles para la vida.

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Y a pesar de todo, persiste una certeza como grabada a fuego en algún lugar de nuestro interior.  Algo indeleble y luminoso

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