«esto de ser misioner@ hoy…» por Juan Carlos Monroy, cmf

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 ¿ha cambiado el concepto de misión?

Cómo han cambiado las cosas. Muchos recuerdan cuando los niños salían por el DOMUND con unas huchas en forma de cabeza de chinito, negrito, indio, etc, con un rótulo que decía: “ayuda a las misiones” 

 

El sentido estaba claro: había que ayudar a esos misioneros y misioneras que se habían ido a otros países para convertir a los que no conocían al Señor.

 

Eso era expresión de una mentalidad que aún hoy día perdura en muchos. Según esa visión, los de otros continentes distintos a Europa, caracterizados por los colores de su piel, no conocen la fe cristiana, y los europeos tienen la responsabilidad de enviar misioneros que les anuncien el Evangelio, y de colaborar económicamente en su sostenimiento.

 

Se sorprenden los europeos que hoy día van a unos de estos supuestos países de misión. Muchas veces se encuentran con unas personas de firme fe, que celebran unas liturgias vivas y alegres, en sus templos bien construidos y provistos, con una Iglesia estructurada y estable con su obispo al frente y unos equipos de seglares que llevan la catequesis, la liturgia, las obras de caridad, etc. Vuelven contando cómo la fe de esas comunidades les ha enriquecido. ¿Entonces?

 

Estas personas comparan y ven que las celebraciones en sus parroquias no son tan vivas y serenas, son conscientes que entre sus amigos y familiares hay muchos que no creen o prácticamente han dejado de creer. Una realidad que, ya hace tiempo, han ido constatando progresivamente los obispos de Europa: Europa es un continente de misión. Repito: ¿Y entonces? ¿Tendrían los africanos o asiáticos que sacar huchas con cabezas de franceses, alemanes, italianos y españoles “para ayudar a las misiones” en Europa?

 

Tal vez podría pensarse: sí, esos países tienen una Iglesia viva con muchos ministerios laicales, pero les faltan vocaciones de consagradas y consagrados, también escasean en vocaciones sacerdotales, y por ello todos los curas y monjas que vayan a ayudar son bienvenidos, y a éstos hay que sufragarlos económicamente. Cierto: en muchos de estos países escasean las vocaciones de especial consagración, pero ¿es que sobran en Europa? Los religiosos y religiosas están dejando colegios, hospitales, centros sociales, porque no tienen miembros con que atenderlos; muchos sacerdotes llevan dos, tres, cuatro o más parroquias, porque no hay bastantes para que cada una tenga su propio párroco. ¡Y además: los de Europa suelen ser personas muy mayores, que se les hace difícil llevar una carga tan intensa de trabajo! Seguimos preguntando: ¿Y entonces? Pues aún diría más: en algunos de esos países que los europeos etiquetamos “de misión”, tienen tal cantidad de vocaciones, que incluso están enviando misioneros a otras partes. Fíjate: ¡los personajes de las huchas del Domund ahora son misioneros en otros lugares!

 

Las cosas han cambiado mucho. Ha cambiado el concepto de misión. Ya no se trata de que uno de la Europa católica vaya a otro país a convertir a la gente. Eso ya no funciona.

Tenemos que quitarnos la idea de “lugar”: este país es católico, este país es de misión. Y tenemos que cambiar el concepto del misionero como aquel que se traslada de un “lugar” a otro: este cristiano de nuestro país va a otro país de misionero. Antes era así. Hemos de abrir nuestra mente a nuevas perspectivas para comprender lo que está pasando.

Ciertamente aún hay zonas del mundo con ciertos pueblos que no han oído hablar de Jesucristo. Pero en un mundo globalizado como el nuestro las cosas son distintas.

 

Más que hablar de “lugares” hemos de pensar en “ámbitos” donde el Señor es desconocido. Ámbitos necesitados de una misión por parte de cristianos evangelizadores. Podemos imaginar, por ejemplo, grupos amplios de inmigrantes, que quizás incluso viven cerca de nosotros. Podemos pensar en amplios sectores de la juventud, que nunca se han acercado al Señor. O en esas bolsas de pobreza en el entorno de nuestras sociedades donde no se conoce el amor que Cristo les tiene. O lee, escucha y mira los medios de comunicación social para que veas la enorme ausencia de Dios que los habita. Tú mismo puedes detectar nuevos “ámbitos” que hoy día son frontera para una auténtica misión de la Iglesia.

 

Yo pienso que esa intuición ya la tuvo Antonio María Claret. Él se sintió tan inquieto por las misiones que fue a presentarse en el Vaticano para que le enviaran a cualquier parte del mundo. Y sin embargo pronto se dedicó a ir por los pueblo de Barcelona, donde vivía, predicando la Palabra, porque se dio cuenta que debido a la política del Gobierno, la gente había dejado de escuchar hablar de Dios, y se convirtió en un misionero itinerante en su propia tierra.

 

No quiero decir que tengamos que confundir la Nueva Evangelización en la que estamos embarcados con la Misión propiamente dicha. Pero es indudable que tenemos hoy día muchos ámbitos, lejanos y cercanos, que necesitan propiamente una acción misionera, aunque convivan con ámbitos sujetos de una nueva evangelización.

 

Y no sigas pensando que son los cristianos del primer mundo los encargados de ello. Pues ya hay muchos cristianos de otras iglesias, también del mal llamado “tercer mundo”, que están evangelizando en distintos ámbitos, de su misma zona o de otras. Recuerda que vivimos en un mundo globalizado y barrios de Europa donde había desaparecido el cristianismo, al acoger inmigrantes procedentes de pueblos católicos, han visto un renacer de la fe, una vuelta a los templos, unas vivas celebraciones de la Eucaristía… se han convertido en auténtico misioneros en el territorio que les hospedaba.

 

¿Te he liado mucho? Vivimos en un mundo muy cambiante y también nosotros hemos de cambiar de chip.

Pero lo interesante de todo esto sería que tú te convirtieras en un cristiano misionero.

 

    • Puedes ciertamente hacer alguna experiencia misionera para compartir la fe y la pastoral de otras iglesias inmersas en una situación compleja o en una cultura muy distinta. Saldrás muy enriquecido, y tu fe fortalecida.
    • Más interesante sería aún que te ofrecieras para colaborar con una misión por unos años, como profesional si eres un laico. Pregunta en esta web y te orientarán dónde puedes dirigirte.
    • ¡Ah! Pero no menos interesante es que adquieras las destrezas necesarias para ser misionero en esos ámbitos que geográficamente están cerca de ti. Resulta difícil porque nos acercamos a ellos como si fuera una acción pastoral más, como dar catequesis, en vez de ir con la mentalidad misionera imprescindible, y por tanto por los caminos propios de una misión. ¡Pero es tan necesario!
    • Y por último, y es vital para la misión, puedes trabajar en tu centro pastoral en la animación misionera, en mantener vivo el espíritu misionero, en alentar la colaboración con las misiones, en formar para cambiar la perspectiva desde la que vemos la misión universal. Una labor que no puede faltar en ninguna comunidad cristiana.

 

Lo dijo Jesús: “Id al mundo entero y predicad el Evangelio”. No lo insinuó. Lo exige. Y es apasionante.

 

 Juan Carlos Monroy, cmf