A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

EX MEMORIA SPES

Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter

       “En realidad, la memoria lo es todo, porque es aquello que me constituye, aquello por lo cual yo soy yo, la trama que unifica mi vida y le da consistencia. La memoria no es un reservorio, es la médula espinal del alma. Yo soy mi memoria” (10[1])

Quizá valoramos poco la importancia de hacer memoria, de vivir haciendo memoria de lo vivido. Quizá vivimos en un momento donde se relativiza tanto el futuro que sobredimensionamos el presente. Quizá nos pasa esto justo por lo mismo: porque hemos abandonado la memoria (no el pasado) y nos vence el desánimo (la desconfianza hacia el futuro). Por eso quiero romper una lanza a favor de la memoria activa y esperanzada, lúcida y realista y por eso creativa y fiel. Una memoria que nos hace personas consistentes, personas con alma. ¿Hay algo mejor que nos distinga de una piedra, una estatua, un árbol?

       “De la memoria nacerá la esperanza. «Ex memoria spes». Sólo podemos construir sobre los cimientos de la memoria. ¿Y si el pasado ha sido demasiado decepcionante, si no hay en él nada firme sobre lo cual edificar? Imagino un náufrago rescatando de las aguas algunas tablas de su barca deshecha para armar con ellas una frágil cabaña. Toda esperanza se apoya en la memoria (11).

Sí, cuando nos parece que sólo querríamos salir corriendo de nuestro pasado más inmediato y nos negamos a hacer memoria, entonces también somos llamados a permanecer. Porque sólo así podremos seguir viviendo con esperanza. Lo peor para un náufrago no es haber naufragado, sino haber renunciado a los pedazos de tablas que le rodean, aunque sólo sea para construir una frágil cabaña.

En estos días, las Misioneras Claretianas celebramos 150 años de la comunidad de Reus, tercera casa de la Orden y lugar donde reposan los restos de Mª Antonia París. Encuentra tu propia razón para homenajear tus raíces, ricas o pobres. Son las tuyas. Sin ellas, créeme, no eres tú. Vivirás sin alma.

[1] Los números remiten todos a las páginas de José Mª Cabodevila, La memoria es un árbol. Raíces, ramas, frutos y pájaros de la memoria cristiana (Paulinas: Madrid, 1993)

Otras entradas...

¿Lo ves? Yo sí

¿Alguna vez te han faltado las palabras, te has quedado bloqueado o has sentido que nada de lo que haces o dices