Falsos espejismos: Los “bien queda”

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Ni una mala palabra ni una buena acción. 

Vídeo musical: Arnau Griso. Te lo juro

Se atribuye a Aristóteles la frase “No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto”. 

El Papa Francisco ha declarado en varias ocasiones que no se puede ser cristiano e hipócrita a la vez. Vivir según el Evangelio conlleva “estar dispuesto a pagar el precio de las elecciones coherentes”.

Una persona hipócrita es quien pretende ser lo que no es, quien ofrece una imagen falsa de sí misma para ser aceptada por todos/as, por temor a ser asertiva. Es quien finge creer lo que predica disfrazando su discurso de verdad. Es una persona preocupada excesivamente por la opinión de los demás que se evalúa pensando cómo la ven los otros.

¿Seré capaz de asumir el reto de ser verdaderamente yo?

Si hacemos gala de verdadera honestidad, caeremos en la cuenta de que somos especialmente sensibles a la hipocresía ajena y, si en alguna ocasión hubiéramos sido hipócritas en nuestra propia vida y quedara esta circunstancia en evidencia, seguro que tenderíamos a disfrazar dicha hipocresía de falsa diplomacia. 

Somos valientes para señalar y dejar en evidencia a los demás, pero… no somos igual de valientes para darnos cuenta de las incoherencias personales, de la falta de autenticidad en la vida cotidiana.

¿Tendré el coraje necesario para motivarme a una auténtica conversión que me transforme?

La espiritualidad de Jesús de Nazaret nos invita a ser sinceros con nosotros, a no exhibir para vender imagen. Aunque todo a nuestro alrededor sea puro marketing no podemos ser un producto, un objeto, humo que envuelve y desaparece. 

Jesús nos invita a mirar hacia dentro para afrontar lo que uno ve afuera.

Dios me llama, me cuestiona, me interpela, me grita: ¡Busca tu esencia! Fuiste creada/o a imagen de Dios.

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