«Familia por dentro y por fuera» Santi y Esther (familia Casanova Morales)

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Dice Chesterton que el hogar es una paradoja, porque es mucho más grande por dentro que por fuera.

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Nosotros por fuera somos cinco: Papá (Santi), mamá (Esther) y 3 hijos (Álvaro, Inés y Juan). Y como dicen los niños, ¡con los dos jerbos somos siete!.

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Por dentro, somos padres trabajadores, hijos estudiantes con extraescolares, cristianos, laicos en la Escuela Pía, presidente y vocal del AMPA, miembros del Consejo Escolar, catequistas en el cole y en la parroquia, con una comunidad de la fraternidad de los escolapios en la que compartimos vida y fe semanalmente, parte de iMisión… hermanos, hijos, nietos, amigos, vecinos…

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Mucha actividad hacia dentro y hacia fuera de la propia familia, nuestra vocación principal. Por eso el verano es un tiempo de crecer “hacia dentro”. Tiempo de fortalecernos en la pareja y en la familia.

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casanova-morales-niños-pisciLas estadísticas dicen que en verano aumenta el número de divorcios porque las parejas pasan más tiempo juntas. En nuestro caso, después de casi 12 años de matrimonio, hemos comprobado que es al revés. Pasar tiempo juntos, relajados, nos permite reencontrarnos, hablar de las cosas importantes con la tranquilidad necesaria y sin el cansancio acumulado de cada día, tener momentos de paseo y reenamoramiento. Y somos conscientes de que cuánto más fuertes estamos nosotros como pareja, más fuerte está también la familia.

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Con nuestros hijos pasa lo mismo. Al ser ellos pequeños están en constante crecimiento y evolución. Por eso las vacaciones son un momento privilegiado para descubrirlos en su creciente personalidad y que nos descubran sin los agobios de lo cotidiano. Tiempo de jugar, de reír, de aprender con el entorno, de descubrir y compartir aficiones comunes, etc. De mirar en cada hijo lo genuino y diferencial de cada uno y ver cómo podemos cuidarlo a lo largo del año.

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En nosotros, este “crecer hacia adentro” tiene una doble dimensión: la personal y la espiritual. En realidad, por cómo somos y cómo lo vivimos, es una sola. Porque igual que no tomo vacaciones de aquellos a quienes amo, no tomo vacaciones de Aquel a quien amo y me ama. Seguimos yendo a comunidad los que permanecemos en la misma ciudad en verano, seguimos yendo a misa, y aprovechamos para que los niños descubran por qué la bisabuela reza el rosario y lo aprendan a rezar con ella, o que acompañen a la yaya un ratito a hacer una visita al Santísimo, o descubran quién es el Santo en honor del que se celebran las fiestas del pueblo.

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Evidentemente, no tenemos la magia para hacer que los 2 meses de vacaciones de los papás nos cubran todas las vacaciones escolares. Intentamos estirar al máximo sin coincidir los padres para poder estar con ellos y evitar llevarlos a un campamento urbano. Pero renunciar a ese espacio de fortalecimiento de la pareja es muy duro y finalmente, buscamos coincidir al menos 15 días.

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Pero las hadas existen (las abuelas y abuelos) y el teletrabajo también.

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Al poder trabajar Santi desde casa da igual estar en un lugar que en otro y así, al terminar la jornada, podemos estar juntos allí donde nos encontremos. En mi caso, el trabajo es presencial, así que me toca ir y venir.

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casanova-moralesPero es el tiempo de las hadas… así que trasladamos el “campamento base” de Madrid a La Coruña, después a Badalona y después a la sierra de Madrid, donde los abuelos tienen casa y nos ayudan a cubrir las vacaciones escolares. Los primeros 10 días tras acabar el cole, Santi lleva a los niños a La Coruña, donde viven sus padres, Allí los abuelos los miman como solo lo pueden hacer ellos, con esos extras de mimos y caprichos que los padres en nuestra educación diaria no nos podemos permitir.

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Desde allí, parada técnica en Madrid de una semana y ¡a Barcelona!. A casa de los padres de Santi de nuevo. La yaya es de Badalona y allí nos quedamos con ella (que es una bendita y se hace 1.200 km para ayudarnos con los niños). Estas son las vacaciones de dejar el reloj y el coche aparcados, de ir andando a todas partes, de bajar a la playa, pasear en la rambla, tomar helados… Nos organizamos para las tareas de la casa y ella, cuando uno de nosotros no estamos por trabajo, se encarga de los niños y las comidas. La yaya nos cuida de forma especial a todos, niños y grandes. Siempre mira que tengamos la comida lista cuando regresamos de la playa y  nos insta a que saquemos ratos para “quedar” como cuando éramos novios e ir al cine, a cenar… Ella  también se reserva sus ratos de estar con su madre, de oración, de tiempo personal… Desde luego, tener esta yaya que nos cuida en lo material y en lo espiritual, es una bendición. Con ella aprendemos que cuidarnos nosotros hace que la familia entera esté bien. Y el final del verano lo pasamos en la sierra de Madrid con los otros abuelos, que están con los niños las mañanas hasta que llegamos por la tarde de trabajar.

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Como veis, esto implica una cantidad enorme de kilómetros en el cuerpo, de cansancio y unas elevadas dosis de disponibilidad y entrega por parte de los abuelos  que generosamente fijan sus vacaciones en función de las nuestras. Pero en conjunto, a todos nos compensa porque es el tiempo de ser y de crecer. Siempre agradecidos al Padre por la ayuda que tenemos y el espacio que nos permite conocernos más y, así, amarnos más.

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Finalmente, Chesterton tenía razón. La familia es más grande por dentro que por fuera.

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Esther Morales y Santi Casanova

@esth_morales

@scasanovam

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