A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
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Felices los humildes porque poseerán la tierra

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Con el sermón de la montaña Jesús no está trazando un código de conducta ética sino expresando su experiencia vital, el espíritu que mueve su vida, porque él es verdaderamente pobre, humilde, compasivo, limpio de corazón, perseguido por la justicia. Únicamente experimentaremos la felicidad que él nos promete, si intentamos vivirlo como él lo vivió. 

Sobre la humildad Jesús mismo se ofrece como modelo: “Haceos discípulos míos que soy bondadoso y humilde de corazón”. No podemos interpretar esta humildad como signo de debilidad o de inacción, bien al contrario; el que se presenta como modelo de humildad ha sido uno de los más grandes renovadores de la humanidad. Humildad viene de humus que quiere decir tierra, y únicamente quien conoce su propio barro y la realidad del mundo que lo rodea tiene la posibilidad de transformarlo: son los pacificadores, los no-violentos.

Todas estas actitudes son contrarias a la agresividad, al dominio, al poder como imposición sobre los otros, pasiones que a los humanos nos cuesta mucho de controlar, física y verbalmente. No es fácil, y no será tanto fruto de nuestra obstinación cuanto un don de Dios, cuando nuestra manera de vivir nos lleve a acoger humildemente y con sinceridad la realidad del otro.

Aunque el mundo no se lo crea porque tiene otros esquemas de felicidad, la gente sencilla del pueblo admira a quienes han sido capaces de cambiar la familia, las comunidades, el mundo, no a través de las imposiciones, la agresividad, las armas, sino aquellos que han sido capaces de transformarlo a través de la palabra, de la lucha pacífica, de la entrega de la propia vida.

Son ellos quienes poseerán el corazón de los hombres y mujeres, y quienes ayudarán a vivir en un mundo más fraternal, más justo, más humano.

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