«Felicidad Interior Bruta»

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Me fascina que un país tenga por criterio la «Felicidad Interior Bruta» en vez del PIB. Es así desde 1974, cuando el Rey de Bután declaró en su coronación: «La felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto interior bruto». Tenía 18 años. Y en 2012, su representante en la ONU consiguió que se declarase este «Día Internacional de la Felicidad» con el objetivo de que los gobiernos del mundo la promuevan en sus políticas. Viene acompañado por un «Informe mundial de la felicidad», que mide el «Índice Mundial de Felicidad» en casi 160 países. ¿Es posible medir la felicidad?

Gallup, es el encargado de realizar una encuesta que lo mida: hay criterios objetivos, como el nivel de ingresos (en «Match Point» de Woody Allen se dice: «El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia») o la esperanza de vida. Y otros criterios subjetivos, que son los que me llaman la atención, como la generosidad, el apoyo social,  la libertad y la corrupción.

¿Respondemos a estas preguntas? Yo voy a hacerlo desde mi fe…

libertad para tomar decisiones de vida: ¿está usted satisfecho con la libertad de elección que tiene en su vida?

En el examen que hago por la noche, suelo revisar si he actuado con «libertad interior» a lo largo del día. Eso me hace ser más consciente de lo que me condiciona, y hasta de lo que me impide ser libre, de aquello que me aliena, que me «fuerza» en cierto modo a actuar de una manera no deseada. Y al detectar esos condicionantes, al ser conscientes de ellos, me hace avanzar en mi libertad. Y cuanto más me dejo conducir libremente, más feliz me siento.

apoyo social: ¿si usted estuviera en problemas, contaría con parientes o amigos que los pudieran ayudar cuando los necesite, o no?

La pregunta está mal hecha según mi perspectiva. Es justo al revés la adecuada para mí: ¿si mi prójimo estuviera en problemas, contaría con nosotros para ayudarle cuando nos necesite? 

Sí. Mi apoyo no es una acción individual mía, en la que está agazapado el individualismo. No es algo que ocurre si estoy yo por medio y deja de darse si por alguna razón falto. Es una acción comunitaria, y por tanto, continuada, por encima de cualquier individualismo.

Estamos empeñados en estar preparados para dar una mano. Mejor o peor, lo hacemos. Y sí, también nos hace sentirnos plenos, «felices».

generosidad: ¿cuánto dinero dio usted para caridad en el último mes con respecto al PIB per cápita? 

No sólo dinero. Quizá lo más sencillo sea dar cosas, y tal vez lo más gratificante. Dar, y seguir con mi vida ajena esa realidad. Eso me haría sentirme bien y no verme implicado en el asunto. Pero no sólo doy cosas, aunque también. Me doy, mejor dicho, nos damos, porque somos comunidad, nos damos a nosotros mismos.

Darme en el día a día tiene su coste. Con frecuencia yo tengo mis planes, mis tareas pendientes, mi propio estrés. Y a veces surge la demanda, y me desestabiliza. No me suele resultar fácil reorganizar unas cosas que están ya demasiado ajustadas. Y no siempre acierto, no siempre me resulta claro por dónde debo seguir. Soy consciente de que no puedo moverme al viento que sople, como tampoco puedo estar encorsetado dentro de unos esquemas rígidos; sé que hay que discernir, pero suelo necesitar más tiempo y más paz para acertar.

En esta vida vivida desde la fe -no pocas veces a tientas-, vivida desde el Evangelio aprendido de Jesús -con sus tropiezos y vaivenes-, sí: soy más feliz que infeliz. Voy siendo habitualmente más feliz.

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