¿HACIA DÓNDE VOY Y A QUÉ? . Víctor Vallejo

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¿HACIA DÓNDE VOY Y A QUÉ? 

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“Resulta increíblemente fácil caer en la trampa de la actividad, en el ajetreo de la vida, trabajar cada vez más para trepar por la escalera del éxito y descubrir finalmente que está apoyada en la pared equivocada. Es posible estar atareado –muy atareado—sin ser muy efectivo.”  

Stephen R. Covey. 

FormatFactoryCARTEL_TVB-CLARETIANAS_2016-17_CASTELLANO-okEste curso, las claretianas nos proponen contemplar un cartel que da sentido al lema: “todo va bien! Si tú lo quieres”. Es un bello trabajo lleno de contenido simbólico. En dicho cartel aparece un niño que va hacia delante con actitud serena, tranquila, relajada… Y rodeándolo, en formas de pompas, aparecen los símbolos que representan su actividad cotidiana. ¿Hacia dónde va? ¿Sigue un rumbo determinado o camina picoteando de aquí y allá, dejándose llevar por la corriente del deber, de la moda, de la rutina, de lo urgente o simplemente de lo que le va apeteciendo?

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San Ignacio de Loyola, en los Ejercicios espirituales, propone al ejercitante que, antes de rezar, repose un poco el espíritu y considere a dónde va y a qué. Ante la puertas de mi rutina, antes de empezar una jornada de trabajo o descanso, no vendría mal dedicar unos minutos a reflexionar hacia dónde voy y a qué.

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Hay una manera magnífica de saber qué es lo realmente importante para cada uno. Consiste en dedicar un tiempo sereno a imaginar nuestro propio funeral y hacernos las siguientes preguntas: ¿qué me gustaría que dijera de mí un familiar cercano, un amigo, un compañero de trabajo y alguien de alguna organización social o religiosa a la que haya pertenecido? ¿Qué tipo de pareja, padre o madre, me gustaría que reflejaran sus palabras? ¿Qué clase de amigo? ¿Qué clase de compañero de trabajo? ¿Qué cualidades he puesto al servicio de los demás? ¿Qué rasgos de mi carácter destacarían? ¿Qué logros o éxitos recordarían? ¿Cómo me gustaría haber influido en sus vidas?

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Te recomiendo que busques ese momento tranquilo,  realices este ejercicio proyectivo y tomes notas. Al hacerlo, de forma no racionalizada, obtendrás lo que realmente es importante para ti. Y una vez que  lo sepas, el siguiente paso es cuestionarte si lo que haces habitualmente y realmente, te acerca o te aleja de los ideales que has descubierto en esta visualización.

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5206981787_677f2006c7Covey, como segunda clave del verdadero éxito, nos invita a actuar con un fin en la mente. Esto significa que poseo un principio moral, un lema, una serie de valores que van a orientar mi vida. Por ejemplo, si soy profesor y he descubierto haciendo la visualización del funeral que lo que realmente me importa es que un antiguo alumno diga que, pese haber sido un bala pérdida, se sintió escuchado y no juzgado por mí; entonces, al empezar cada día mi jornada como profesor,  tendré que procurar tomar decisiones que me encaminen a dicho fin. Por ejemplo,  cada cierto tiempo, puedo pedir a mis alumnos que evalúen hasta qué grado ellos se sienten atendidos y escuchados por mí como profesor o tutor. Y al acabar cada jornada, o al final de la semana laboral, puedo examinar mis actos y ver si me han acercado o alejado de dicho objetivo.

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Actuar de esta manera requiere de autoconciencia. Cada día está más de moda el Mindfulnes, una herramienta que puede definirse como “el conjunto de técnicas de atención y respiración que nos ayudan a recuperar nuestra presencia en el mundo y nuestro vínculo con nuestra existencia”. Tanto san Ignacio como Covey,  como el Mindfulnes nos recuerdan  que hemos de ser capaces de salirnos de la rutina, de tomar distancia de ella, para preguntarnos: ¿a dónde voy y a qué? ¿Lo que estoy haciendo ahora, hoy, en este momento, me ayuda a acercarme a mi ideal de vida? ¿La tarea que tengo entre manos está en consonancia con los verdaderos valores que he decido que rijan mi vida?

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Volviendo al cartel, el niño está en camino, anda, se mueve y su sombra refleja un sentido alegre y expansivo. Ahora camina solo, tranquilamente, pero ante sí tiene representada en esos globos todo lo que llena su agenda cotidiana: estudios, ocio, espiritualidad, relaciones sociales… Se ha tomado su tiempo y va repasando su día: “lo que he hecho hoy, ¿me ha acercado al estilo de persona que quiero ser? Mis actos, pensamientos, lo que he dejado de hacer…, ¿se acerca a lo que quisiera que un día dijeran de mí mis padres, mis amigos, mi equipo de voleibol, mis amigos de la catequesis?”

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Cuando esto se publique estaremos en pleno Adviento y no puedo dejar de pensar en los Reyes magos. Ellos ya estarán en marcha, en búsqueda del enviado de Dios, siguiendo una estrella que los guía. Seguramente, tras cada jornada, se sienten junto a una hoguera y se pregunten: lo que hemos hecho hoy,  ¿nos acerca o nos aleja de nuestro Salvador? Nuestros pasos de cada día, ¿nos aproximan o alejan del mundo soñado por Dios?

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Aprovechemos, pues,  este tiempo de Adviento para hacer un alto en nuestra rutina y preguntarnos sosegadamente: ¿a dónde voy y a qué? 

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Víctor Vallejo