Hay Alguien que nos vive

Diseño sin título (22)
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En fin, en fin, tras tanto andar muriendo,

tras tanto variar vida y destino,

tras tanto de uno en otro desatino

pensar todo apretar, nada cogiendo,

tras tanto acá y allá yendo y viniendo

cual sin aliento inútil peregrino,

¡oh Dios!, tras tanto error del buen camino,

yo mismo de mi mal ministro siendo,

hallo, en fin, que ser muerto en la memoria

del mundo es lo mejor que en él se esconde,

pues es la paga de él muerte y olvido,

y en un rincón vivir con la victoria

de sí, puesto el querer tan sólo adonde

es premio el mismo Dios de lo servido.

(Francisco de Aldana, Soneto XLV)

Se le llamó «el Divino» al capitán Aldana. Cervantes y Quevedo lo admiraron. Cantó al amor, al amor sobre todo. Guerreó sirviendo a nobles y reyes, y con ellos encontró la muerte en la batalla. Cuarenta años, no más; después, silencio. El siglo de oro español fue tan descomunal, que apenas sabemos apreciar sus muchas plumas de plata…

No es del todo verdad que el tiempo haya pagado a Aldana solo con «muerte y olvido». Pero sí con silencio, como el que caerá también sobre nosotros. Un silencio, no obstante, que no le resta nada a la historia de este soldado, que no priva de valía su existencia.

Él mismo lo había adivinado «tras tanto acá y allá yendo y viniendo», tras tantos años de «pensar todo apretar, nada cogiendo»: al final, nos quedamos nosotros solos en un rincón, perdidos en la memoria de los siglos… Pero en ese rincón de soledad, ¿nos cabe alguna victoria o es todo una derrota insuperable? ¿Hay alguien allí que nos recuerde, que venga a pronunciar el nombre que poco a poco se va desdibujando?

El poeta creyó que sí. Que hay Alguien que nos vive por encima de la muerte, que hay algo de nosotros que siempre permanece: nada destruirá el querer que ponemos en Dios cuando solo le buscamos a Él, cuando buscarle a Él es ya la recompensa. Ese querer nos salva del polvo y la ceniza. Nos salva Dios, que es la memoria eterna de nuestro pobre nombre, el premio feliz de nuestra corta vida.  

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