“Hormiguilla” llamada a renovar la Iglesia

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La fuerza de lo pequeño

Como el grano de mostaza que crece y se hace árbol en el que las aves pueden anidar, o como la levadura que parece insignificante pero fermenta toda la masa… parece que así es como Dios se fue haciendo presente en la vida de María Antonia París. Y es que ella sabía cómo cada camino comienza por un paso, y cómo a veces la fuerza y el potencial ya está en lo que es pequeño

En su Autobiografía se consideraba a sí misma una “hormiguilla” (Aut 119) llamada a fundar, junto con P.Claret, una Orden Nueva en la práctica para renovar la Iglesia a base de Evangelio; aunque para eso fuese necesario negarse a sí misma, cargar con su cruz… ¡o atravesar medio mundo! Y se definió bien con la palabra “hormiguilla” porque ¿sabíais que estos animalillos son capaces de levantar hasta cincuenta veces su propio peso? Claro que en su caso el peso que sentía sobre ella era el de la misma Iglesia y la fuerza para sostenerla no era solo suya, sino la de quien se deja habitar por Otro.

El secreto está en que aún experimentándose pequeña y hormiguilla, o precisamente por eso, se dejó llevar, permitiendo que Dios actuase en ella. Y no solo en ella, sino en el mundo a través de ella. ¿Y cómo fue posible? Con mucha espera y esperanza, fiándose aun a ciegas… O dicho con sus propias palabras: “cuanto más incapaz es el instrumento, tanto más descubre la sabiduría del Maestro que lo rige”. ¿Y nosotros? ¿Qué hay latente en mí, llamado a dar más vida? ¿De qué forma me voy fiando de lo que Dios va tocando y haciendo en mí? Podemos dejarnos contagiar por M. París para recordar y experimentar que ¡es posible!

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