Interior inconquistable, libertad inviolable

Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest

Poema Invictus de William Ernest Henley

 En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias
no he gemido, ni llorado.
Ante las puñaladas del azar,
si bien he sangrado, jamás me he postrado.

Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror.
No obstante, la amenaza de los años 
me halla, y me hallará, sin temor.

Ya no importa cuán recto haya sido el camino, 
ni cuantos castigos lleve a la espalda:
Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma.

Poema “Invictus”, William Ernest Henley. 

Poema que inspiró a Nelson Mandela durante los 27 años que permaneció en prisión.

Afortunadamente, muchas personas, no sabemos qué es vivir en prisión. Pero quizá, de una forma u otra, sí hemos podido experimentar noches que envuelven, jaulas con barrotes de todo tipo, circunstancias que atrapan y que esperamos duren poco, pasen pronto. Es entonces cuando se vuelve valioso saber que somos capitanes de nuestra alma. 

Es todo un descubrimiento llegar a atisbar, dentro de una misma, un espacio donde nadie alcanza a tocar. En ese interior, accesible solo a mí, puedo elegir a quién amo, lo que quiero, las palabras de mi vida, lo primero. Lo que llena mi corazón y lo que queda fuera. 

Y es que hay una libertad profunda y auténtica que no se nos puede arrebatar. Ésa que incluso en las circunstancias más adversas me permite optar entre luchar por sobrevivir o desesperar, entre actuar bien o actuar mal, entre volverme a Dios y a los demás o replegarme sobre mí. “Aquí” dentro, la libertad es absoluta.