A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
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LA ENVIDIA · VIRTUDES CAPITALES I

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Dichosos los envidiosos porque podrán reconocer el norte. 

La envidia es el sentimiento que surge en mí al pensar que yo me merezco eso que otro ha conseguido, el deseo de poseer lo que él posee ya sean cosas, aptitudes, talentos… y a veces, cuando le damos rienda suelta, incluso el deseo de que el otro no lo tenga: “si yo no lo tengo, tú tampoco, porque no puedo soportar que tú estés siendo capaz y yo no”. Si en este momento yo fuera capaz de pararme a investigar y detectar lo que me está faltando para conseguir eso que anhelo, mi rabiosa envidia podría transformarse rápidamente en una serena hoja de ruta. 

Para mayor gloria es uno de los 7 pecados capitales. De forma que admitir que siento envidia es un combo maravilloso de vergüenza y culpa con el pecado como guinda; no hay manera de quedar bien con nadie siendo un envidioso. Un desastre, vamos. ¡Como para confesar que siento envidia! Menos mal, que hemos encontrado una vía de escape para reconocer con mayor ligereza que la sentimos: añadir la socorrida coletilla de “pero de la buena, ¿eh?”. Porque si siento envidia, pero es de la buena, está claro que mala no puede ser. 

Quizá si recordáramos que todos somos imperfectos y que las emociones no son más que reacciones involuntarias (de las que por supuesto podemos hacernos cargo para gestionarlas), nos sería más fácil aceptar sin culpa nuestros sentimientos. 

Más allá de que no queramos reconocer que sentimos envidia por todo lo negativo que le hemos atribuido,  es un sentimiento que además nos hace sentir pequeños, inferiores. Porque para mí lo bueno sería lo que tiene el otro que yo no estoy siendo capaz de alcanzar y entonces además de envidia, siento impotencia, vergüenza… Reconocer que siento envidia se convierte en reconocer que estoy siendo menos, que estoy siendo incapaz; ya son palabras mayores porque ponemos en juego nuestro amor propio, nuestro ego y nuestro orgullo. Y si no somos capaces de ver más allá, puede resultar un duro trance. De hecho, por este motivo, la envidia es uno de los sentimientos que como reacción natural nos hace retroceder y menguar. 

Con todo esto, y simplemente desde mi experiencia, os invito a pensar ¿qué me dice mi envidia de mí? A mí me da muchas pistas: 

  • Preferiría estar donde el otro está en lugar de donde estoy: La envidia que me da esa casa, ese trabajo, ese viaje, ese tiempo libre…me indica que me gustaría hacer un cambio de vida, de lugar, de profesión… Cuando la envidia es de la que llamamos “sana” entiendo que el coste que tiene ese cambio no me compensa, porque siento envidia, pero no me hace retroceder, ni desear que el otro no disfrute de lo que tiene. Si soy capaz de reconocer que esa envidia no es tan sana, estoy recibiendo una señal muy luminosa, un toque de atención: alta probabilidad de estar donde no quiero o como no quiero o con quien no quiero. Y si soy capaz de profundizar, seguramente esto no será nada nuevo, ya lo habré pensado antes y me resulta incluso lógico que la situación del otro me dé envidia. 

 

  •  Me encantaría ser capaz de hacer algo que el otro está pudiendo hacer: La envidia que me da ver que otro tiene el valor para hacer algo que a mí me aterra, la capacidad de desprenderse de algo que a mí me pesa tanto pero soy incapaz de soltar…me da una pista de que me gustaría transformar algo de quien estoy siendo; mi envidia me está diciendo que necesito desarrollar alguna capacidad nueva que estoy necesitando para estar más completo, más feliz. Y si lo pienso con calma seré capaz de descubrir qué es eso que desearía estar siendo y, más aún, qué necesito hacer para conseguirlo. Incluso si viéndolo así consigo cambiar esa envidia por sorpresa, por ilusión, por un sereno deseo, lo que estoy envidiando me puede resultar inspirador y revelador. Mirar el camino que ese otro ha recorrido, puede ser una revelación de algo que a mí también me podría servir, una inspiración. 

 

  • Me gustaría sentir lo que el otro está sintiendo: Esa envidia que nace al ver al otro pleno de felicidad, o profundamente enamorado o simplemente sereno, tranquilo, en paz.  El estado de ánimo del otro, su manera de reaccionar, me gustarían para mí porque él está teniendo lo que a mí me está faltando. Quizá estoy demasiado estresado, o pasando demasiado tiempo con personas a las que realmente no quiero, o atravesando una época en la que me cuesta gestionar mis emociones, o desarrollando alguna actividad que pone en juego mis valores… Cada uno, si lo piensa, puede saber “qué está teniendo el otro que yo no, que hace que él esté pleno mientras yo no”. 

En fin, analizando en cada situación de qué estamos sintiendo envidia, podríamos conocer mucho de nosotros. El juego consiste simplemente en aceptar quién estoy siendo y lo que estoy sintiendo para poder amarlo y caminar hacia el cambio que me gustaría realizar. En este caso la envidia puede ser una gran brújula como ves. 

 ¿Juegas? ¿Qué te dicen de ti tus envidias? ¿A qué lugar señala tu envidia hacia el que te gustaría dar el próximo paso?