LA HIJA DE LA CRIADA

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Me gustan las historias de vida y superación. Me gustan las historias donde el amor sana el dolor y las dificultades, y la sudafricana Barbara Mutch nos trae una de esas novelas que dejan un buen sabor y nos adentra en el pasado del Apartheid, una realidad social que muchos de nuestros jóvenes ignoran y ni siquiera imaginan. Vivimos en nuestra burbuja de bienestar occidental que la mayoría de las veces nos insensibiliza ante las graves necesidades que suceden en nuestro mundo. 

La hija de la criada es una historia de amor, sin lugar a dudas, entre la señora Cathleen y su criada Ada, una mujer inteligente, sensible y luchadora, pero con un defecto grave a comienzos del siglo XX en Sudáfrica: ser negra. Y ser negra no era poco, era ser una semi esclava, una segregada de la cultura y la civilización, con la certeza de que su vida sería dura e injusta. Sin embargo, la relación maternal con su ama le salvará su vida, aunque nunca podrá evitarle el sufrimiento. 

Ada, a quien Cathleen le enseña a tocar el piano, luchará con todos sus medios para que su música suavice aquel mundo racista. La autora aprovecha la novela para contarnos los comienzos de esa lucha legítima y justa que años después enarbolará Nelson Mandela, aunque la protagonista lo haga de una forma abnegada y silenciosa, pero siempre buscando un futuro mejor. 

Y al terminar la historia, al mirar hacia atrás en la vida, queda esa sensación de que hay hilos invisibles que nos unen a quienes queremos y que el amor acaba salvándonos de todo lo injusto y abriendo puertas a la esperanza. 

 

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