LA IRA · VIRTUDES CAPITALES II

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¿Qué tiene que contarnos nuestra pequeña bestia interior? 

 

La ira es una de las emociones más comunes y una de las consideradas “negativas” por la sensación de malestar que nos produce. Según su intensidad, la reconocemos como enfado, cólera, rabia… pero en todos los casos nos mueve a soltar esa pequeña bestia que llevamos dentro para atacar. Y cuando la contenemos, se nos escapa y ataca no sólo al que o lo que ha desatado nuestra ira, sino al primero que se nos pone por delante. Es curioso que siendo una emoción que nace en nosotros ante la injusticia, la frustración, las limitaciones…nos conduce a nosotros mismos a comportarnos de manera injusta o que resulte frustrante o limitante para los otros. Y es que la ira, llama a la ira. 

Además nos separa del resto ya que al atacar nosotros, los que tenemos cerca, que también están vivos, se defienden o se alejan. 

Así de entrada, no parece que nos sirva para mucho más que para desahogarnos (que tampoco está mal), o para hacernos sentir culpables por haber dicho o hecho algo que no deseábamos o que no pensábamos. A veces incluso generamos sin darnos cuenta situaciones incómodas o violentas que traen serias consecuencias. 

Sin embargo, si miramos cuáles son los motivos que nos llevan a enfadarnos tanto, podremos descubrir en nosotros rasgos que nos permitirán conocernos mejor y hacer que ese sentimiento de ira sea más fácilmente gestionable y que su utilidad vaya más allá de la defensa de lo que consideramos fundamental en un momento dado. 

Prestando atención, podemos ver que lo que desencadena en nosotros la ira tiene que ver con que las cosas no ocurran como esperábamos, con que no recibamos lo que creemos merecer, con que alguien nos toque en nuestros valores fundamentales, con nuestras limitaciones o con nuestras debilidades. Entonces, ¿qué dice mi ira de mí?. Comparto contigo lo que a mí me pasa que me lleva a dar rienda suelta a mi bestia interior y lo que ello me indica: 

 

  • Los demás no actúan como yo espero A mí esto me ocurre, por ejemplo, cuando grito a mis hijos (sí, soy de esas, aunque estoy en ello…). Veo que me enfurezco cuando no hacen lo que les digo, o de la manera que quiero o en el momento que yo elijo, ¡o todo a la vez!. Y si no ocurre así, suelto a la bestia. Y a partir de aquí puedo hacerme diferentes preguntas, ¿realmente es tan importante lo que les estoy pidiendo? ¿realmente es necesario que lo hagan de manera inmediata? ¿tiene que ser de esa manera?. ¿les he hecho saber lo que espero? Muchas veces hacer este ejercicio me ayuda a relativizar la gran mayoría de las cosas a las que doy demasiada importancia de manera cotidiana. Y en caso de que sea necesario que ocurra como yo digo, ¿lo voy a conseguir de esta manera? ¿qué les estoy enseñando con mi ira? A lo mejor a ti te ocurre también con tus hijos o con el jefe, con el profesor, con el entrenador o con quien sea que esperes que se comporte de determinada forma. 

 

  •  Creo que merezco un trato diferente al que recibo: Cuando alguien se dirige a mí de una manera despectiva, o con un tono de voz que considero inadecuado o realiza sobre mí un comentario que me parece inoportuno. Este trato me produce indignación, frustración. Pero, si soy yo la que sabe que soy merecedora de respeto, de cariño, de delicadeza ¿Qué es lo que dispara en mí esos sentimientos? ¿de verdad creo que merezco ser bien tratada? Entonces ¿qué me enfada tanto? ¿no será que espero del otro un trato del que no acabo creerme merecedora y veo confirmadas mis sospechas de que no soy digna de tal trato? Por ejemplo, si estando a mitad de embarazo alguien me decía “¡Madre mía, cómo estás ya con todo lo que te falta!”, o a los meses de dar a luz “¿de cuánto estás ya?” (comentarios bastante frecuentes), no me queda más remedio que admitir que la rabia que desataba a mi pequeña bestia salía a la luz porque estos eran los mismos comentarios y en el mismo tono que yo me hacía a mí misma. Entonces ¿qué trato creo realmente que merezco?  

 

  •  Algún hecho me resulta intolerable, indignante, injusto…: Si observo que se hacen diferencias injustificadas entre personas de manera que uno sale perjudicado, ver que se puede morir simplemente de sed, que se me acuse de algo que no he hecho, que se me responsabilice de algo de lo que no me considero responsable…. Cuando esto ocurre es porque está atentando contra mis valores fundamentales, que mi vara de medir está siendo quebrada… Entonces puedo analizar cuáles son los valores que están fundamentando mi vida, simplemente para tomar conciencia de ellos y cuidarlos; y elegir defenderlos sin atentar contra ellos (¡a veces nos da por defender la paz a palos!). O puedo aprovechar para revisarlos y caer en la cuenta de que tengo algún valor apolillado. A mí me ocurrió con el concepto de verdad; durante una época de mi vida llevaba la verdad como una lanza arrojadiza, que utilizaba muchas veces sin necesidad de que nadie me preguntara o siendo esa verdad innecesaria, inútil. Con el tiempo he redefinido mi valor de verdad y he preferido emplearlo como una herramienta para crecer, para ayudar, para dar luz… en lugar de como un arma. 

 

  • No estoy consiguiendo un objetivo determinado: Esto nos puede ocurrir haciendo cosas tan tontas como intentar abrir un bote de conservas o más relevantes como intentar aprobar un examen, dejar de fumar, emprender un proyecto… Lo bueno de dar rienda suelta a la bestia en estos casos es que nos empuja y nos da un bonus de fuerza para perseverar. Pero además nos da pistas: qué es tan importante en mi objetivo que me produce tanta rabia no conseguirlo?¿qué me estoy diciendo al no conseguirlo? (¿que soy una inútil, que no valgo para nada? ¿o simplemente que tengo que intentarlo de otra manera?¿quizá simplemente necesito pedir ayuda?¿qué me impide pedirla?) 

 Me parece que en general la mayoría de situaciones que desatan nuestra ira se relacionan con estos cuatro casos, y como ves dicen tanto, tanto de nosotros que sería una pena no escuchar lo que nos dice nuestra pequeña bestia cuando la soltamos. Siempre tendrá algo importante que decirnos, y nos dará una oportunidad para elegir qué queremos hacer a partir de ahora. 

Y a ti ¿qué te cuenta de ti tu minibestia? ¿la alimentas más de lo necesario? ¿en qué casos la sueltas?