Día mundial contra la rabia

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Según la OMS, hoy es el Día Mundial contra la Rabia pues el  28 de septiembre es también el aniversario de la muerte de Louis Pasteur, creador de la primera vacuna antirrábica. El mayor interés en este momento es acabar con la muertes por esta enfermedad tan contagiosa, principalmente educando y vacunando.

Pero según la RAE, también rabia es “enojo grande que se manifiesta con palabras, gritos y ademanes bruscos y violentos”.

Quizá, culturalmente, se nos educa poniéndonos en alerta contra la rabia o mejor dicho, contra expresar la rabia. Pero eso no elimina “la enfermedad”. Lo mismo ocurre con el enojo o la ira. ¡Desconfía de quien no es capaz de sentir rabia por nada ni expresarla en ningún modo!. Porque no es humano: 

“Pues quienes no se irritan nunca por las cosas se les considera tontos, al igual que quienes no se irritan como es debido, ni cuando hace falta, ni con quien es necesario” (Aristóteles. Ética a Nicómaco VI,11).

La cuestión no está en irritarse. Por desgracia, la vida nos da motivos para ello. Y bien encauzado, ese enojo es un camino hacia la lucha por la justicia, la verdad, la bondad. Nos “vacuna” contra la indiferencia e indolencia que tanto nos inhumaniza.

Nos motiva para detener aquello que causa nuestro malestar: situaciones que nos hacen daño, palabras hirientes, derechos pisoteados, ámbitos o personas tóxicas de las que alejarse, etc. Nos aporta energía para pasar a la acción, siempre que sepamos irritarnos “como e debido, cuando hace falta y con quien es necesario”.

Ojalá aprendamos a expresar nuestro enojo sin dañar al otro pero sin dejarnos maltratar tampoco, sin perpetuar situaciones injustas. Ojalá aprendamos a poner nombre a nuestras emociones y objetivarlas. Ojalá aprendamos a discernir adecuadamente qué nos causa esa rabia y no confundamos nuestra respuesta con quien nos parece más débil o más inocente cuando quien me está haciendo daño me causa temor.

Día Mundial contra la rabia. Un buen momento para “dialogar” con nuestras rabias internas y buscar cauces honestos y valientes para convertirla en fuerza de cambio.

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