A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

Lo contrario del miedo no es valor, sino confianza

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Dicen que los niños vienen con un pan debajo del brazo…y cuando eres madre, te das cuenta de que sí, traerán el pan, pero también otros muchos regalos. Por supuesto el amor, la alegría, el compromiso…pero también la preocupación, las dudas, la inseguridad y, como no, el miedo.

De repente, lo que nunca había tenido importancia, se convierte en un peligro. Un peldaño, el borde de una mesa, un hueso de aceituna. Y con el tiempo, un paseo sin acompañante, la elección de amigos, un viaje, la carrera, el trabajo… Todavía no me he visto en esas, pero imagino que, según el momento de la vida, pasan unos miedos y aparecen otros.

Y pienso en María. ¡Madre mía, María! “Concebirás al hijo de Dios”, dile a tu marido que el niño es de otro, de Dios ni más ni menos. Mira cómo lleva la contraria a los poderosos, cómo pone todo patas arriba; cómo dice verdades como puños que escandalizan a tantos, que le tienen ganas, que ya está bien de tocar la narices. Y para rematar, acompáñale a la cruz. Madre mía María… tuviste que echarle narices. 

Tengo tres hijos. Aún nos queda mucho que recorrer. A ellos como individuos. A mí como madre. Ojalá tenga el coraje, como María, de permitirles equivocarse, para aprender, a pesar de mis miedos. Ojalá tenga la capacidad, como María, de dejarles espacio para decidir, para elegir, para ser libres, a pesar de mis miedos. Ojalá tenga el valor de, como María, lanzarles a vivir su vida, que no es de nadie más. SU VIDA. Ojalá….

En definitiva, ojalá sepa, como María, CONFIAR. Confiar en ellos, como María confió en Jesús, confiar en Dios, en la vida, en los demás, en sí misma, como ella lo hizo. Porque, no nos engañemos, lo contrario de miedo no es valor. Es confianza.

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