LUCES Y SOMBRAS DE LA COMPLEJIDAD HUMANA

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Como una flor, así somos las personas. Desbordantes de belleza y hermosura. A la vez, delicadas, tiernas, frágiles y vulnerables. Desconocer un aspecto u otro denota ignorancia. Quedamos desalentadas si ignoramos el primero y resultamos peligrosas y prepotentes si ignoramos el segundo.

Quizá sea un buen momento para conocernos un poco más y resultar más completas y unificadas, en este camino de autoconocimiento que dura toda la vida.

Santa Teresa de Jesús invitaba a la oración acompañada de “conocimiento propio”, como solía decir ella. Describe al ser humano como un palacio todo de cristal, donde habita el mismo Dios. San Pablo nos describe como un templo. Imágenes de Dios en nosotros. Y a la vez, nada en nosotros puede quedar fuera de Dios, pues “en Él vivimos, nos movemos y existimos”. Imágenes esperanzadoras. Para Dios no es estorbo nuestra fragilidad, en Él todo cabe. Como el sol que ilumina a buenos y malos. En cambio, parece que tendemos a rechazar nuestras debilidades, a ocultarlas e ignorarlas y así nos fragmentamos.

Curiosamente el palacio que describe santa Teresa es de cristal, es decir, bien frágil, pudiendo romperse. O podría ensuciarse, dejando por tanto de reflejar al Dios que sigue habitando en la persona. Como la flor que hoy resplandece y embellece su entorno, y al día siguiente puede yacer en el suelo, ya sea porque acabó su tiempo, porque se secó ante la falta de agua, o porque fue pisoteada. Su propia constitución no pudo con esos aconteceres. A una hora del día está alzada hacia la luz. Al rato siguiente, al desaparecer el sol, inclinada hacia la tierra. ¿Nos parecemos en algo a ella? Santa Teresa nos invita a permanecer con la mirada en el gran sol que es Jesucristo, para que en toda circunstancia de nuestra vida tengamos un modelo de referencia y nuestro corazón sepa cómo situarse. Como también el de María, en relación permanente con Dios, a la escucha de su voluntad.

Te invito a que concretes estos versos en tu propia vida, a que añadas tus propios versos, o a que construyas tu propia composición. ¿Te resulta fácil encontrar tu belleza y tu fragilidad? ¿Cuál es tu tendencia? Acógela y ponla delante del Dios de la Vida y la Misericordia. Pues poseemos:

 

La hermosura de la dignidad, de saberme hija/o de Dios, castillo, palacio, templo, jardín donde el Señor tiene sus deleites

La fragilidad de olvidarme de Dios y ponerme yo en el centro

La hermosura de la oración y la contemplación, dejando que la savia divina fluya por todo mi ser y produzca frutos.

La fragilidad de mirar a otro lado ante el dolor de mi hermano/a

La hermosura de empatizar, acompañar y asistir a la persona necesitada

La fragilidad de ser capaz de hacerme daño a mí misma y a otras personas

La hermosura de la mirada misericordiosa hacia mí misma y hacia los demás

La fragilidad del orgullo o la incapacidad para reconocer mis errores, que me paraliza y me impide cambiar y avanzar

La hermosura de acoger mi propia fragilidad y debilidad, apareciendo entonces un gran tesoro: la humildad. Pegada a la tierra, conectada con la realidad

La fragilidad de tropezar una y otra vez con la misma piedra

La hermosura de mi vocación, llamada concreta a servir una y otra vez a la Humanidad