Luchar contra el mal

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Esperar por Otros

Puede que no creas en “el mal”, así con estas palabras. O puede que sí, y lo veas como una figura tan externa y terrible que no tiene nada que ver contigo. Las dos posturas nos vacunan y nos permiten mantenernos al margen de cualquier batalla, propia y ajena. Y a la larga, lo que perdemos es la esperanza y la confianza en la vida y en nosotros mismos.

Vivir sin esperanza te quita las ganas de vivir. Esperar y contagiar esperanza a otros nos compromete con la vida. Y eso implica, sin ambages, luchar contra el mal en cualquier de sus formas.

Quizá sepas que justamente este convencimiento es el corazón de la celebración de la Inmaculada: “in-mácula, sin-mancha, sin-lugar-para-el-mal”. Una mujer embarazada, preñada de vida y futuro, que se planta ante “dragones” del mal que quieren tragarse al niño. Plantar cara al mal en cualquiera de sus formas, por acción u omisión; no ser cómplice ni mirar para otro lado; sin violencia, con humilde firmeza… 

¿Recordáis la imagen clásica de un hombre ante el tanque en Tiananmen? Es la imagen de la dignidad, la esperanza, la lucha contra el mal. Es también la Inmaculada, una mujer llena de vida ante las amenazas de muerte.

Cada uno donde estamos podemos elegir. No lo olvidemos. Lo necesitamos para no perder la esperanza. Lo necesitamos para ser esperanza de quienes ya no pueden más. Se lo debemos y nos lo debemos. 

Que la parálisis de los buenos no alimente al mal que quiere engullir la vida.

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