Maledicencia 3.0 Por Tino Rodríguez

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Maledicencia 3.0 

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Recuerdo todavía alucinado el día que me cogió un atasco monumental y alguien demasiado impaciente se salió del coche y empezó a pegarle patadas al mio (aún tiene las huellas). Internet es como el coche. Una herramienta maravillosa, pero puede revelar con sorprendente facilidad el animal que llevamos dentro. La explosiva mezcla del anonimato y las redes sociales debe activar el sistema límbico igual que el acelerador y el volante de un coche.

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Bullying, exaltación de la violencia, abuso de menores, estafas, campañas de acoso y derribo, insultos, violaciones de intimidad, obscenidades… Asuntos muy graves. Basura que flota por los ríos del continente digital sin permitir que pase el oxígeno y la luz… Incluso delitos. Tremendo. Y nos escandalizamos. Esos es cosa de delincuentes, gamberros y depravados… ¿Sólo de ellos? A ver, hagamos un pequeño exámen de conciencia:

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¿Cuántas veces he reenviado un chiste buenísimo en el que se calumniaba, sí calumniaba, a un político famoso, simplemente porque no era de mi cuerda? ¿Cuántas la imagen falsa de una famosa desnuda? ¿Cuántas veces he distribuido un rumor escandaloso sin comprobar si era verdad? ¿Cuántas imágenes mofándose de fieles de cualquier religión? ¿Cuántas…?

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Confieso que yo no salgo indemne del test. Qué fácil resulta hacer un like inoportuno, un retuit infame. La maledicencia digital es como el petróleo en el océano. Basta un poco para producir una mancha gigantesca. Da igual que sea verdad o mentira, la mancha digital permanece más que la física incluso. ¿Has intentado alguna vez borrar una “huella digital”? Ojalá nunca necesites hacerlo…

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