¿ME ESCUCHAS? -escucha empática-. Por Víctor Vallejo

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¿ME ESCUCHAS?  

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“Todo va bien si uno lo decide” supone pasar por la vida atento a lo que nos pasa. Tony de Mello, jesuita indio y maestro espiritual, en sus conferencias, nos recordaba un proverbio chino que afirma que cuando nuestros oídos no están obstruidos, el resultado es la audición, a lo cual añadía Tony de Mello: “cuando nuestro corazón no está obstruido el resultado es la dicha y el amor”. Pues bien, me gustaría dedicar esta entrada de Acompasando a limpiar nuestra capacidad de escucha para logar, de paso, mayor dosis de amor. Nadie nos ha enseñado a escuchar porque se supone que es que algo que adquirimos de forma espontánea, como la capacidad de andar. Pero una cosa es oír y otra escuchar. Pongamos un ejemplo:

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Un matrimonio se ha sentado a comer y uno de ellos le comenta a su pareja que, después de todo lo que ha dado por la empresa en la que trabaja, su jefe le ha pedido que se haga cargo de un proyecto que requiere de un buen nivel de inglés, cuando el suyo es más bien escasito, y que lo tiene que hacer porque no tiene a nadie más en el departamento, lo cual le lleva a tener ganas de dejar ese puesto en el que lleva tanto tiempo sin obtener una compensación y…

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Pues bien, la pareja podría estar en uno de estos cuatro niveles de escucha. Primer nivel: no atender en absoluto, estar completamente a otra cosa (quizás algo muy descarado para este ejemplo, pero cosas peores se han visto, ¿no?). Segundo nivel: fingir que uno escucha mirando con cara de póker a quien está hablando. Eso es,  decir “sí, sí” mientras uno piensa: “vaya, parece que hay otro problema, con lo que me apetecía salir a correr y tomarme una cervecita…”. Tercer nivel: escucha selectiva a la pareja mientras atiendo también a ciertas noticias que llaman mi atención en el telediario (zapping mental). Cuarto nivel: escucha atenta: “vaya, pues con lo mal que están las cosas, te vas a tener que poner a estudiar inglés por las noches…”.

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Llegar al cuarto nivel ya supone un logro, pero, para los que quieran más, queda un quinto nivel, el que marca la diferencia en la calidad de la escucha: “vaya, te sientes tratada con desprecio, como si fueras una herramienta de tu jefe”. Este tipo de respuestas son propias de la escucha empática.

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La empatía supone, en palabras del psicólogo Rogers, “la capacidad de ponerse verdaderamente en el lugar del otro, de ver el mundo como él lo ve.”  Ser empático supone ponerme en la piel del otro para comprender con exactitud los sentimientos que mueven su comportamiento, sin interpretar y, por supuesto, sin juzgar. Es decir, la empatía supone recoger la información emocional del mensaje, captarla,  sin caer pronto en la tentación de la respuesta experta o interpretativa: “te alteras tanto porque siempre te cuesta salir de tu zona de confort” (como se diría ahora…).

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Con esto no quiero decir que uno no deba aconsejar o influir en el que le cuenta un problema, sino que lo primero es comprender (asegurándome de que lo he comprendido bien y que he captado la vivencia que hay detrás del mensaje) y lo segundo es opinar lo más acertadamente posible (sabiendo que otras veces simplemente podré comprender y acompañar).

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En algunas ocasiones, al comunicarme con otra persona, yo podré entenderla a un nivel emocional, pero eso no quiere decir que deba darle la razón como un tonto, sino que también puedo mantener mi postura. Volviendo al ejemplo de la pareja, si nos ponemos en la piel del jefe, éste podría haber dicho: “sé que para ti va a suponer un sobreesfuerzo el inglés y me da mucha rabia pedírtelo precisamente a ti, que siempre das la cara por la empresa, pero no puedo tirar de personas de otro departamento”. 

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Andamos, como siempre, demasiado ocupados como para escuchar a los demás.  Pero cuando alguien te dedica su atención plena, “sentirse comprendido” por él nos llena de aire psicológico para respirar y es de por sí terapéutico.  Así que si ya has plantado un árbol, has escrito un libro y has tenido un hijo, sólo te queda escuchar a una persona para comprenderla y aceptarla como es. Tal vez sea éste uno de los secretos del amor…

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Víctor Vallejo