Mi Palabra: «BÚSQUEDA» Cristina López Navas

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Reconozco que en este momento de mi vida no me ha costado nada elegir la palabra con la que identificarme. Estar en búsqueda, ser búsqueda, buscar, buscarme son verbos y expresiones que encuentro en cada paso. Ahora más que nunca, me encuentro cuando busco, valga la paradoja.

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Para mi vida profesional he elegido una trayectoria que requiere una constante actualización de mí misma. Me encuentro en fase de redacción de mi tesis doctoral y a diario convivo con la duda y las preguntas. Si todo va según lo previsto y llego a ser docente universitaria, este camino de cuestionamientos propios se ensanchará con las preguntas ajenas de alumnos y alumnas.

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En el terreno de lo personal, Javi y yo, marido y mujer desde hace unos meses, nos hemos elegido para ser buscadores de la felicidad del otro y para averiguar cómo ser un buen equipo abierto a nuestras familias y amigos. Por otro lado, no se me ocurre una búsqueda más misteriosa ni más abierta a la aventura que la voluntad de tener hijos.

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Además, experimento que Dios nunca ha parado de inocularme una curiosidad infatigable. A menudo me descubro desentrañando mi sentido religioso de la existencia y abriendo la mirada a otras vivencias de la fe. Y en la vocación social que para mí es consecuencia inevitable de mi descubrimiento del cristianismo, me permito ser insaciable de inconformismo y convencerme de la posibilidad de un mundo más justo.

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También doy testimonio de que una busca, pero no siempre encuentra. Por lo que sé que también hay que dejarse llevar, que es otra forma de buscar, pero más confiada, más presente, más dependiente de las búsquedas del prójimo y de las cosas de Dios. Y así descubro que cuando menos lo espero, la vida me sorprende con maravillas y realidades muy conscientes. ¿Será esto la providencia?

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Aspiro a ser como los lirios del campo, aunque reconozco que mi espíritu buscador muchas veces es tan impaciente como el de quien no tiene esperanza y me pregunto: ¿Qué comeré? ¿Qué beberé? ¿Cómo me vestiré? ¿Dónde trabajaré? ¿Y si todo va mal? ¿Y si no sé hacerlo? ¿Y si no lo consigo? Y entonces la búsqueda se convierte en persecución, sin lugar a que las siembras den sus frutos ni a que las lluvias de otoño hagan florecer los árboles en primavera.

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En conclusión, creo que, como cristiana, aunque yo tenga mis planes y uno de los pilares de mi vida sea la búsqueda, tengo que seguir entrenándome en la espera confiada y atenta, en la convicción de que a cada día le basta su propio afán.   

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Cris López Navas