A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

Mi Palabra: «DISCERNIMIENTO» Laura Rodríguez sscc

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La primera vez que tropecé con la palabra discernimiento, fue en el último curso del Bachillerato cuando desde la pastoral del colegio se me ofreció un proceso de discernimiento vocacional. Al terminar, tenía una conciencia muy clara de que estaba llamada a vivir comprometida como laica, en el mundo y a hacerlo desde una comunidad cristiana. Desde entonces el discernimiento ha estado presente en mi vida, a veces con agotadora terquedad y otras con una silente presencia.

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Jesús nos dice en Mt 7, 21 que se entra en el Reino de los cielos, no con palabras, sino “haciendo la voluntad de mi Padre”. ¿Y cómo hacer la voluntad de Dios? ¿Cuál es? ¡Ay, esa es la tarea de cada día! Pablo nos invita a ser hijos de la luz, a poner nuestra referencia en Jesús para que sepamos «discernir lo que agrada al Señor» (Ef 5, 10).

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 Las referencias que me da la Iglesia a través de sus numerosos documentos y atender a lo que otros cristianos han experimentado y cómo han respondido a sus circunstancias también son importantes. Y contar con mi familia y mi pequeña comunidad de vida: ellos conocen más de cerca mi realidad y me ayudan a verla con más objetividad, me sugieren y corrigen, me animan y me apoyan. Todo eso orado ante la Palabra y rumiado poco a poco.

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 En esta aventura diaria que es el discernimiento tengo una gran aliada. Cada día lo primero que hago al despertar y lo último antes de dormir es rezar un Ave María y pedirle a Dios que, como a María, me ayude a guardar su Palabra en el corazón y me conceda el Espíritu Santo para poder cumplirla.

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Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, ¿no es eso lo que pedimos en el Padre Nuestro?

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Laura Rodríguez, seglar claretiana