Mi vida sin mí

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“Todos tenemos una fecha y una hora donde se nos partió la vida”, rezaba una frase en Facebook… Y realmente es así, a todos en algún momento se nos paró el mundo: la muerte de un ser querido, el fin de una relación de pareja, un despido laboral… momentos en los que vivimos en nuestra propia carne, como nuestro mundo se rompía -o nos lo rompían- en mil pedazos, circunstancias en las que sentimos que la vida seguía adelante sin nosotros, sin ti, sin mí…

Hoy, contemplamos atónitos, cómo el mundo,- no el tuyo, no el mío, sino el mundo- se para…. Como nuestros planes, nuestra rutina, se ven trastocados de un día para otro… Como la incertidumbre y la angustia se apoderan de nosotros… Sí, he de confesar que he sentido, y siento, miedo… por mi familia, por las personas que quiero, porque desconozco cuándo y cómo va a terminar esta situación… porque en un mundo de seguridades relativas, la inseguridad, ha reclamado su sitio y parece que al menos, durante algún tiempo, tendré que aprender a bailar con ella…

Sé que ya nada volverá a ser igual, porque cuando el mundo se para, algo cambia, no en él sino en ti… Comprendes que no puedes seguir viviendo una vida sin ti, aprendes el valor de las pequeñas cosas, de los pequeños gestos, de una llamada, de un mensaje, de tener comida en la nevera, unas sábanas limpias, una casa confortable… Descubres cuánto quieres a “tu gente”, cuánto necesitas de los demás, comprendes que tu vida depende de otros, de cuya presencia e importancia, nunca te habías percatado… Experimentas que por muy grande que sea la dificultad, la vida siempre es más fuerte y se abre paso… Que aunque nos digan lo contrario, o el miedo nos juegue malas pasadas, siempre hay razones para esperar contra toda esperanza… 

Quizá algunos piensen que soy demasiado ingenua o que estoy un poco loca… pero desde mi ser creyente y desde mi propia vida, sé que no hay momento tan oscuro como para no vislumbrar un débil rayo de luz, que lo importante no es lo que nos quita la vida, sino qué y Quién nos la da… Que Dios camina siempre a nuestro lado y aunque a veces nuestra confianza se resquebraje, o la duda haga mella en nosotros, Él nos sostiene, porque nuestra vida, la mía, la tuya, la de cada uno, es un milagro en frágil equilibrio sostenido por su amor…  porque no hay tiniebla suficientemente oscura como para apagar su Luz…

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