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MIEDOCRACIA VS DEMOCRACIA

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Aún recuerdo como, durante el año que estuve viviendo en Honduras, desde algunos medios se decía que Hugo Chávez vendría a secuestrar a los niños hondureños si se seguía el discurso de la Resistencia. No se especificaba en las informaciones si sería el propio Chávez en persona el encargado de tan titánica labor, niño a niño a lo largo de toda la orografía catracha, o designaría a alguien para que le echase al menos un cable. Habían pasado escasos meses desde el golpe de Estado que desconfiguraría un país ya de por sí desconfigurado y todo valía para mantener el miedo a la disidencia. Si estabas contra el golpe organizado por la oligarquía hondureña y te parecía injusto, inmediatamente te convertías en un chavista y, por lo tanto, en alguien peligroso de quien desconfiar. Sencillo y efectivo.

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El miedo como herramienta política de control es algo que históricamente ha funcionado siempre muy bien. Funcionó con los campesinos hondureños que se creían a pies juntillas lo de Chávez y los niños secuestrados y funciona con los profesionales liberales occidentales que publican en sus muros de Facebook poco menos que la resurrección del mismísimo comandante venezolano en plena Puerta del Sol ante el posible triunfo de determinadas fuerzas políticas. Si estás en contra del bipartidismo actual y te parece que la corrupción y los recortes sociales son intolerables, estás abocando al país a quedarse sin papel higiénico en los supermercados.

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 Sencillo y efectivo.

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Votar con miedo, votar no para que salga lo que más te convenza sino para que no salga lo que no te gusta, no es democracia. Votar con miedo, el famoso “voto útil”, es miedocracia. Ante esto, y como nos espera un año cargadito de comicios en los que se han multiplicado las opciones, respetando el posicionamiento de cada cual, vamos a ver que encontramos en nuestro ya imprescindible VER, JUZGAR y ACTUAR:

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VER:

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elrotoVale que en este país los programas electorales no son en muchos casos más que una lista de propósitos de Año Nuevo pero, si queremos votar en conciencia y no desde el miedo, este es el primer punto en el que nos tenemos que fijar. Huyamos por un momento de los líderes, de los candidatos, de su campaña de marketing colosal. ¿Qué análisis de la realidad encontramos en sus programas? ¿Se prioriza a los empobrecidos, se les tiene en cuenta, se tiene en cuenta su opinión y su voz? ¿En el centro del análisis del programa está la economía o la persona, el bienestar o el buen vivir, el crecimiento o la prosperidad compartida? ¿Cuáles son sus propuestas, cuáles los ámbitos en los que más se explayan, con cuáles me siento más identificado si dejo de mirar a la tele y miro a mis vecinos, a mi barrio, a mi entorno? ¿Qué dicen del comercio de armas? ¿Y de los paraísos fiscales? ¿Y de los pueblos del Sur? ¿Se dice algo del desarrollo de los más desfavorecidos dentro y fuera de nuestras fronteras? ¿Y de nuestros hermanos migrantes? Son mil millones la preguntas que podemos hacerle a un programa electoral y, afortunadamente, cada vez hay más herramientas digitales gratuitas que nos permiten tanto hacerlas como comparar unos programas con otros. No nos dejemos llevar por el instinto ni por la opinión de otros. Atrevámonos a investigar sin prejuicios para luego poder…

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JUZGAR:

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democracia...Una vez nos hemos visto todos los aspectos de los programas de los partidos que más dudas, interés o tirria nos provocaban y hemos podido profundizar un poco, toca evaluar y juzgar. Aunque cueste, intenta dejar a un lado tus prejuicios y tu carga ideológica o economicista y sé sincero contigo mismo. ¿Cuál de todos los programas es el que está más cercano de los principios de justicia, paz, amor y fraternidad universal del Reinado de Jesús? ¿Cuál el que pone en el primer lugar a los últimos? ¿Cuál el que se preocupa más por su prójimo? ¿Cuál el que pone el sábado, la ley, los ritos por encima de la persona? ¿Cuál el que convierte en un mercado la casa de Dios (siendo esta no sólo el templo sino también su pueblo y su historia)? ¿Cuál el que pasa de largo ante el enfermo tirado en el medio del camino? ¿Cuál el que comparte los panes y los peces que haya? ¿Cuál el que se sienta en el primer banco y cuál el que se sienta en el último?

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ACTUAR:

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Bueno, qué, ¿lo tienes ya? Si, ya sé que te estás haciendo muchas preguntas, pero es que esto de la política y la participación es algo a lo que merece la pena dedicarle tiempo y cariño. Los hooliganismos sentimentales no son buenos en ningún aspecto de la vida, menos en la pública. Corremos el riesgo si no de acabar defendiendo que hemos visto con nuestros propios ojos como Chávez se robaba a tres niños esta misma mañana.

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Si ya lo tienes, si ya has encontrado la opción con la que te sientes más cómodo y con la que puedas vencer a la miedocracia, entonces tienes tres opciones de acción

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La primera y más evidente es participar del compromiso democrático acercándote a votar en los distintos comicios que tenemos por delante. Tu voz se representa ahí y, dependiendo de si tu opción defiende la participación ciudadana y gana, en todas las votaciones a las que se te convoque.

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La segunda es, por qué no, compartir tu investigación y tus conclusiones a tu alrededor. Hablar sin miedo de política como la cosa tan natural que es. Compartir sin temor tus visiones para enriquecerte con las de los demás y abrirte a sus investigaciones. La política es la organización de los ciudadanos para ser más felices, ¡debiéramos hablar más de ella y con más cariño y compromiso!

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La tercera, y esta sí inesperada, es animarte a participar activamente de la opción que te haya parecido más acorde y coherente con tus principios y tu humanidad. Sin gente buena como tú en los partidos, sin gente que esté dispuesta a comprometerse por el bien común, los partidos seguirán llenándose de indeseables y arrinconando a los que buscan hacer el bien desde su opción. Y eso, también, es miedocracia.

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Miguel Ángel Vázquez

@MAVazquez22

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