¡NO CAIGAS EN LA TRAMPA!

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Muchos mensajes y propuestas nos inundan, y a veces nos aplastan.

Es importante saber diferenciar cuáles son válidos y buenos, y cuáles nos desorientan o pretenden engancharnos.

Hay un mensaje muy antiguo, y muy presente, ante el que tenemos que estar especialmente atentos para no dejarnos enredar. ¡No caigas en la trampa!

Juega con paradojas como que perdiendo se gana, dando se recibe, que somos para los demás, que demos gratis lo que recibimos gratis…

Regala armas como la fuerza en la debilidad, el valor de la pequeñez, no tener miedo a la fragilidad, el valor de la ternura, de cuidar lo roto, el perdón que regenera, amar gratuitamente para vencer y triunfar.

¿No te parece peligroso?

……..

Es un mensaje traicionero porque te va conquistando, y en la medida que lo pones en práctica te cambia la mirada.

Y ya no ves a las personas como amenaza de la que defendernos, sino como corazones con necesidad de ser amados y reconocidos.

Y cuando miras el mundo complejo y diverso descubres cada color, cada matiz,  cada chispa de vida y de luz que nos hace únicos e irrepetibles.

Y ya no te sale aprovecharte de la naturaleza y agotarla sin contemplaciones, sino cuidar cada brote de vida.

Yo caí en la trampa, me deje engañar por el mensaje del Evangelio, me lo creí e intenté vivirlo desde la vida religiosa:

Viviendo en comunidad y caminando con muchas personas diversas que voy encontrando por el camino.

Desde la obediencia, no como sumisión o dejar de pensar, sino como actitud de búsqueda humilde, para salir del encierro de mi visión parcial, dejando que otros completen e iluminen.

Desde la castidad, no como frialdad o miedo al amor, sino un continuo aprendizaje de cómo amar bien, con la valentía de amar sin aprisionar, con la audacia de amar sin retener, con una profunda libertad, ensanchando cada día el corazón.

Y desde  la pobreza que nos ayuda a no poner la seguridad en lo que tenemos, que no nos deja atarnos a lo que creemos poseer, que nos invita a caminar a pie descalzo, compartiendo y recibiendo.

Y todo esto en el abrazo de Dios que con un amor lleno de detalles nos sostiene, acompaña.

Y lo peor es que me lo sigo creyendo, y que  cada día estoy más convencida de que caminar con Jesús y a su modo, aprendiendo a vivir el Evangelio nos hace más felices y humanos. No tengo remedio, esto me hace vivir con alegría y esperanza.

Ten cuidado no te contagie y caigas en la trampa de ser feliz.

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