¡No dejes de soñar!

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Que la memoria viva de Jesús y su Evangelio despierte y renueve en nosotros la capacidad de soñar y seguir esperando que es posible.

Que los adultos y ancianos no dejen de soñar y contagiar sus sueños y así no se impida que los jóvenes sean capaces de profecía y visión.

Que no nos dejemos asfixiar y aplastar por los profetas de calamidades, por nuestros propios límites, errores y pecados, por el silencio de quienes colaboran con el mal y la mentira con su silencio.

Y así seamos capaces de encontrar espacios para inflamar el corazón y discernir los caminos del Espíritu cada día.