No es por lo que mueras

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Imágenes que hablan

¡Qué fácil es, a veces, dejar que la muerte nos gane la partida! En cuántas ocasiones, sin darnos cuenta, permitimos que los pequeños -o grandes- problemas de la vida cotidiana nos roben la paz… Porque no siempre es fácil, y a veces tampoco es posible, olvidar aquel roce que tuvimos con nuestr@ mejor amig@, o ese conflicto comunitario en el que estamos inmers@s, o la última discusión con nuestra pareja, con nuestr@ hij@, o con ese compañero de trabajo con el que no hay “feeling”… Y entonces, nuestro día, -incluso nuestro ser-, se tiñe de un color grisáceo… como cuando una gota de tinta cae en un cubo de agua clara y transparente… todo se nubla, se va oscureciendo y la “muerte”, lentamente, comienza a hundir sus raíces en nuestra vida.

Ante estas situaciones de dolor, que nos van matando por dentro poco a poco y ponen a prueba nuestra esperanza, daremos gracias, como en el cuento de “Los tres cerditos”, por haber construido nuestra casa, no de paja o de madera, sino de ladrillo… Porque lo importante no es lo que nos mata, sino que lo que nos da vida… ¡SÍ! Vida de la buena, de la de verdad, esa que hace que brote lo mejor de nosotr@s mism@s… Porque por mucho que crezcan los ríos y soplen los vientos, si nuestra casa está construida sobre Roca, se mantendrá firme.

Danos, Señor, vida, mantén nuestra esperanza, sostén nuestra espera confiada, para que no importe lo que nos haga morir, sino la vida que recibimos de Ti.