«NO HAY MAYOR DENUNCIA QUE COMUNICAR LA ESPERANZA». Miguel Ángel Vázquez

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TESTIMONIO DE VOCACIÓN DE UN PERIODISTA

Muchas veces no es fácil darle sentido y profundidad a una profesión que suele estar vapuleada socialmente, en muchos casos con toda la razón del mundo, y en constante proceso de autodestrucción internamente. En ocasiones es como subirse a un barco que se sabe resquebrajado y con las velas rasgadas por el mero placer de navegar y porque ya no se sabe hacer otra cosa que surcar horizontes y capear tormentas. De pronto ya no es un trabajo, es una forma de vivir y de contemplar la vida. Mi nombre es Miguel Ángel Vázquez y soy, entre otras cosas, periodista.

 

Tal y como aprendimos en la carrera, hay muchos (demasiados) ambientes en los que es preferible decir que se es pianista en un burdel para no recibir tantas críticas. Sin embargo, y a pesar de todo, hay algo de búsqueda de la verdad y de lucha por la justicia dentro del periodismo que me ayuda a vivir mi oficio con autenticidad y desde una vocación sincera.

 

Miguel Aìngel

A lo largo del año 2010 viví una experiencia misionera en Honduras de la mano de Fundación PROCLADE que cambiaría mi forma de entender el mundo para siempre. Allá, entre otras tareas, colaboré con la gente de Radio Progreso, una emisora popular de los jesuitas que había logrado sobrevivir al golpe de Estado de Roberto Micheletti manteniendo su perspectiva social y de lucha por los derechos de los más débiles. En su planteamiento editorial, aparte de los informativos y los programas temáticos para dar voz a los colectivos más marginados del país, organizaban cada mes análisis de la realidad abiertos al público para debatir entre todos los temas de actualidad que estaba viviendo el país, siendo esta una posibilidad de formación fundamental para las capas campesinas de la población. El hecho de que el 60% de la plantilla, en gran parte formada por voluntarios, estuviera amenazada de muerte, transformó radicalmente la perspectiva que hasta entonces tenía de la labor periodística. Gente que se jugaba literalmente el pellejo a diario por informar desde los empobrecidos, por denunciar las injusticias desde los datos objetivos y sin estar expuestos a ninguna presión de ningún patrocinio o poder. Periodismo, a fin de cuentas.

 

Desde entonces intento llevar esa coherencia aprendida a mi día a día en estas latitudes, lo cual no siempre es fácil. Vivo la vocación periodística como la necesidad de contar las historias que se nos están negando desde los grandes medios. Son historias que construyen nuestra realidad cotidiana paso a paso: Historias desde el extrarradio, historias de personas detrás de las noticias de actualidad, historias de vida y de esperanza frente a las constantes amenazas del miedo y de lo imposible. Me he marcado, como lema vocacional y profesional, una frase en la que creo profundamente y que intento repetir (y repetirme) cada vez que tengo ocasión: No hay mayor denuncia que comunicar la esperanza. Cuando se buscan las historias al margen para rescatarlas de su ostracismo y sacarlas a la luz es fácil entender la lucha por la justicia y la defensa de los desfavorecidos que puede llegar a suponer el reporterismo sincero. Y cómo ese ejercicio muchas veces transforma vidas y situaciones.

Es ese periodismo auténtico y libre el que me acerca a Jesús.

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Miguel Ángel Vázquez

@MAVazquez22