No nos enteramos

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Es un mandato que nos toca de cerca: yo soy siempre una misión; tú eres siempre una misión; todo bautizado y bautizada es una misión. Quien ama se pone en movimiento, sale de sí mismo, es atraído y atrae, se da al otro y teje relaciones que generan vida. Para el amor de Dios nadie es inútil e insignificante. Cada uno de nosotros es una misión en el mundo porque es fruto del amor de Dios.

La misión NO es para los ratos libres.

La misión NO es algo que tengo que hacer.

La misión NO es (sólo) hacer cosas de iglesia.

La misión NO  es cosa (sólo) de curas y monjas.

La misión NO es (sólo) una emocionante película.

La misión NO es (sólo) en un lugar recóndito del mundo.

La misión NO es cosa de héroes.

La misión NO es cosa de otros más preparados.

La misión NO es está en el sofá.

La misión NO tiene precio.

La misión NO es una pirámide.

La misión NO es algo accesorio en mi vida.

La misión NO es cosa de elegidos.

—————-

La misión es algo que soy.

La misión es despertar.

La misión es vaciarse.

La misión es ser semilla.

La misión es gratuidad.

La misión es ser menos yo y más tú.

La misión está poco en grandes cosas y mucho en los pequeños detalles.

La misión es red.

La misión es bailar y tocar, reír y llorar… juntos.

La misión es un imán.

La misión es estar con el oído fino, el pie presto y la mano abierta.

La misión es sentirse hijo del Amor de Dios.

La misión es ser hermano de todos, 

de los guapos y los feos, de los que me quieren y de los que no,

de los que me apetece mucho y nada, 

de los que tengo cerca en la oficina, 

en el bar, en casa y en el sexo,

en la calle, en la farmacia y en el concierto,

en la comunidad de vecinos y en el chat de internet, 

en el club de fútbol, en la playa  y en la onegé,

en la declaración de la renta, y en el atasco de la carretera.

La misión es todo, todos y  todo el tiempo.

Porque el regalo de ser Hijo del Amor de Dios no es cosa (sólo) de los domingos. A ver si nos vamos enterando 🙂

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