NO SE PUEDE AMAR LO QUE NO SE CONOCE

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Hoy sigue siendo importante renovar el compromiso misionero de la Iglesia, impulsar evangélicamente su misión de anunciar y llevar al mundo la salvación de Jesucristo, muerto y resucitado. La celebración de este mes nos ayudará en primer lugar a volver a encontrar el sentido misionero de nuestra adhesión de fe a Jesucristo, fe que hemos recibido gratuitamente como un don en el bautismo (Mensaje del Papa, 2019). 

No podemos vivir hacia dentro, encerrados en nosotros mismos. Somos seres en relación, necesitamos salir, comunicar, compartir. Cuando lo hacemos, vibramos, nos sentimos mejor. Esta dinámica de salida no se riñe con la interioridad, al revés, la complementa. Es una gozada salir en todas nuestras dimensiones, también en la fe, pues no podemos vivirla sólo hacia dentro.

El Papa lo sabe y nos invita a comunicar y llevar hacia afuera el tesoro que llevamos dentro. Esto significa renovar el compromiso misionero de la Iglesia, estar en salida. ¿Y por qué? Porque las buenas noticias se comunican, deben ser pregonadas a los cuatro vientos para todos puedan gozar de ellas. Jesucristo es la Buena Noticia, la gente tiene que conocerlo. No se puede amar lo que no se conoce y muchos no saben quién es, pues los prejuicios y las falsas imágenes que de Él tienen, son los muros que les impiden acercarse.

Octubre Misionero es el intento por desbrozar los obstáculos personales, sociales y ambientales que impiden conocer a Jesús. Y esto, ¿cómo se hace? No se trata de publicidad, ni de apología. Lo anunciamos desde nuestra experiencia, desde nuestro encuentro personal con Él para animar a otros a buscarlo para sentirlo y conocerlo por propia experiencia, sólo así podremos encontrarnos con Él.

¿Así sin más? No. El Papa nos recuerda que hemos recibido el Espíritu Santo y Él es nuestro asistente. Cuando fuimos bautizados se nos regaló este Don que hemos de alimentar para que nos invada por dentro. Es la presencia del Espíritu en nosotros el que nos lanza hacia afuera, presencia que puede estar dormida y aletargada si no la regamos con la vida de oración y de amor. Llevamos esa semilla por el sacramento el bautismo; si lo avivamos, crece, si lo olvidamos, disminuye. ¡Que este Octubre Misionero te ayude a reavivar este don, hacerlo crecer, compartirlo!

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