A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

ORAR CON LA RESPIRACIÓN II

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Lo primero es intentar dominar la técnica de una buena respiración honda, completa:

 

1. De pie o sentados, en posición vertical y respirando por las fosas nasales, se inhala firmemente, llenado primero la parte inferior de los pulmones, lo que se obtiene haciendo descender el diafragma, que ejerce así una leve presión sobre los órganos abdominales y empuja la pared frontal del abdomen, lo que llamamos hinchar el vientre, vaya.

 

2. Se llena la región media de los pulmones, levantando las costillas inferiores, esternón y pecho.

 

3. Se llena la parte alta de los pulmones, adelantando la superior del pecho, levantando éste con las costillas superiores. La parte inferior del abdomen se contraerá ligeramente y prestará apoyo a los pulmones, así como también ayuda a llenar su parte superior.

 

4. Retener la respiración durante algunos segundos.

 

5. Exhalar el aire muy despacio, manteniendo el pecho en posición firme, entrando un poco el abdomen y elevándolo lentamente a medida que el aire sale de los pulmones. Una vez el aire completamente exhalado, se relajan el pecho y el abdomen.

 

respirarUna vez dominada la técnica, puedo aprovechar la respiración para orar, de varias maneras:

 

1. Lo primero será siempre pedir el don del Espíritu Santo. Hacerme consciente por la fe de su existencia. Pedirle que ore en mí.

 

2. Orar y respirar es en sí dar las gracias por la vida. Sentir al Espíritu respirando en mi organismo, entrando en él provoca sentimientos… los acojo, los dejo moverse en mi: sentirme criatura en manos de Dios… sentirme viva, llena de aire, de vida produce un sentimiento de gozo, bienaventuranza, felicidad, plenitud… pero es más: sentir que el Espíritu Santo me habita y acogerlo en plenitud va produciendo en mí sus mejores frutos: paz, bondad, magnanimidad, paciencia, alegría…

 

3. Al compás de esta respiración profunda la meditación, como técnica milenaria, me permite prestar atención a mi momento presente: acojo mis sensaciones corporales,  mis pensamientos, sentimientos… sin juzgar nada. Solo estoy. Tomando conciencia de ser y estar.

 

4. Si algo me agobia o me preocupa, respiro profundamente, me voy serenando y como un niño en brazos de su madre, lo deposito en el corazón de Dios, y espero… Él pronunciará su palabra.

 

 

Las posibilidades son muchas. En posteriores entregas iremos proponiendo diversas maneras de orar, pero partiremos siempre de la práctica de una buena respiración. Y a medida que vayas practicando la técnica de la respiración profunda, tú mismo/a descubrirás tu manera peculiar de orar… de acompasar la vida con el Evangelio a ritmo de respiración, lo más natural en la vida ¿no?… y tan naturalmente como respiras, orarás. Y si quieres nos lo cuentas,  para bien de todos.

 

Consuelo Ferrús, rmi

@consuelormi