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ORAR - CONTEMPLAR (oración de contemplación o contemplativa) - Acompasando

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A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

ORAR – CONTEMPLAR (oración de contemplación o contemplativa)

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En continuidad con la última entrega: orar con la Palabra, ofrecemos esta vez una modalidad muy apropiada para el tiempo de Navidad. Es la oración de contemplación o también llamada oración con la imaginación, y una variedad, la oración aplicando los sentidos. S. Ignacio lo incluye en sus Ejercicios a partir de la 2ª Semana, y muchos santos han gustado de esta manera de orar. La Navidad es tiempo propicio para poner “toda la carne en el asador” también en la oración, pues Dios mismo lo ha hecho al hacerse Niño.

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La contemplación es una forma de orar que ayuda a entrar de una manera intuitiva e imaginativa en un determinado texto, especialmente de los Evangelios. Nos ayuda a actualizar la Palabra de Dios como palabra viva que es, hacerla nuestra, adentrarnos en lo que contemplamos: después de leer el pasaje, imaginar la escena como si estuviera sucediendo en este momento y fuéramos participantes activos en la misma. Aplicar los 5 sentidos en la oración es una manera de meter a toda la persona en oración. No solo la mente. No solo el corazón, los afectos. TODO.

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No es tan válido este modo en el caso de discursos, parábolas… Es mejor un texto de acción del Evangelio. Por ejemplo, un milagro, un diálogo… proponemos hoy los textos de los Evangelios de la Infancia, especialmente el NACIMIENTO DE JESÚS, al comienzo de Mateo o Lucas. Eliges el texto con el que vas a orar, quizá los textos propuestos por la Liturgia para este tiempo, e ir haciendo tu propio camino espiritual navideño.

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1. Relajarse, tranquilizarse… adoptar una postura adecuada… Oración al Espíritu Santo: pedir el conocimiento profundo de Jesús. San Ignacio nos propone una oración que pide: “conocimiento interno de Jesús que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga”. Como conocer a un amigo. LEES CON TRANQUILIDAD.

2. Imaginarse en el lugar donde se realiza la acción, con todo el detalle posible: los caminos por donde andaban María y José, los detalles geográficos o humanos, la gente, el establo de Belén… Como si estuvieras con ellos en todo momento. Allí en un rinconcito observando como espectador, “como un esclavito indigno” dice S.Ignacio.

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3. Ver a las personas, como si presente me hallase. Escuchar lo que dicen, mirar lo que hacen, oler los ambientes, gustar, preguntarse qué sabor de boca me va dejando el hecho de estar contemplando a Jesús.

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Tocar con las manos, abrazar, besar, los sitios que Jesús pisa y toca. A Jesús mismo o a alguno de los personajes. También ¡dejarme abrazar! ¡No imagináis lo que puede ocurrir!!!

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Y siempre ir pensando qué relación tiene esto con mi vida. Contemplar y aplicar.

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Terminar haciendo un diálogo, un coloquio, con el Padre, o con Jesús, o con el Espíritu Santo, o con María… ofreciéndome, hablando como con un amigo sobre lo contemplado, lo que debo hacer yo…

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Permitidme que me alargue un poco más de lo debido, pero creo merece la pena una carta que S.Antonio Mª Claret dirige a la M. París, en la que sugiere hacer este ejercicio situándose en el pesebre, junto al Niño:

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“En estos días de Adviento y Navidad del Señor se han de juntar en espíritu con la Virgen Santísima y San José en su casa de Nazaret, Belén y en sus viajes con recogimiento interior, haciendo todas las cosas con la mayor perfección, aún las más pequeñas e insignificantes, contemplando siempre a esta Sagrada Familia. Dentro de pocos días emprenderán el camino de Belén; acompañen a dicha familia y cuando lleguen a Belén,   hagan como el borriquillo.

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En un principio de hallarme en esta Corte de Madrid se acercó a mi confesonario una señora, se confesó y después de haberse confesado me pidió por caridad que la dirigiese; dicha señor, por su posición, educación y carácter era muy orgullosa e iracunda; un día, dándome cuenta de su meditación me dijo que ella no sabía hacer meditación. Yo la animé, la instruí y le dije que empezara por la meditación del nacimiento del Niño Jesús; le dije que mirara con los ojos de la  imaginación al Niño Jesús tendido en el pesebre, a la Santísima virgen y a San José arrodillados al lado de Jesús, contemplándole y adorándole; y que ella se figurase que se hallaba allí como el burriquillo, que nada sabe pensar ni decir, pero, no obstante, con su alienta da calor al Niño. Esta comparación, sencilla, sí, pero tan conforme a la historia del hecho y sacada de la Sagrada Escritura, pues dice David en los salmos: “Señor, me hallo como un jumento en vuestra presencia, pero no por esto os dejaré, no me apartaré sino que viviré siempre con Vos”; este consejo y comparación no le sentaron bien; como era tan soberbia no podía sufrirla y por prudencia disimuló, y por obediencia la puso por obra, constantemente en la meditación y sobre todo en la comunión, por manera que cuando iba a la oración o a comulgar decía al Señor: “Ahí va el burrico”. Por aquí empezó y por aquí ha continuado y en el día se halla en un grado muy elevado de perfección, es profundamente humilde…”

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(10 diciembre de 1867, a Mª Antonia París)

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Consuelo Ferrús, rmi

@consuelormi