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ORAR - ESCUCHAR - Acompasando

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A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

ORAR – ESCUCHAR

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ESCUCHAR

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En el catecismo se decía que “orar es hablar con Dios” y mucha gente lo vive así. HABLAR. Sin embargo, en la anterior pista para orar decíamos que la oración es cosa de dos, Tú-yo. Luego no es un monólogo. En todo caso, si hablo en la oración, también tendré que permitir al Otro que lo haga. Eso es ESCUCHAR. Más que oír… oír con atención plena, acoger, ponerme en el lugar del otro, en la perspectiva del Otro. Escuchar implica una actividad, no es algo que ocurra naturalmente, como el oír, que afecta solo al sentido del oído.

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El apóstol Santiago dice en su carta que debemos ser “diligentes para escuchar, parcos en el hablar” (Sant 1, 19) y es un dicho popular que Dios nos dio dos oídos y una boca para escuchar el doble de lo que hablamos…

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escucha4ESCUCHAR es el primero de los sentidos de la espiritualidad cristiana, la actividad más propia del cristiano. Me resulta muy curioso que a Dios no se le pueda representar, no se le pueda “nombrar”, no se le pueda “ver” pero sí escuchar. Nos lo pide Él mismo.

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La Biblia comienza con una Palabra: Hágase… y vio que todo era bueno… la creación acoge obediente esa palabra y empieza a existir. “La palabra del Señor hizo el cielo” (salmo 33, 6). Es el comienzo de una relación, una salida de sí buscando la comunicación con el ser humano. Dios quiere dirigirnos su Palabra, hablarnos de Corazón a corazón… así comienza el Libro que quiere no ser “leído” sino escuchado.

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escucha3La palabra “escucha” es tan importante en el AT que toda la historia de Israel está marcada por el mandamiento de la escucha: “Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno…” (Dt 6, 4). Lo que Dios pide al pueblo que escuche es “lo que él ha hecho”, de la misma manera que también “vieron” las maravillas y prodigios obrados por Dios en favor suyo (Ex 14, 30). Lo que Él ha hecho fundamentalmente es ALIANZA de amor con el ser humano, porque el lenguaje preferido de Dios son los hechos. No son mandamientos lo que quiere que escuchemos, sino Vida.  Hay muchos “escuchas” en el AT, especialmente a los profetas y a través de ellos al pueblo: para recordar la alianza, para recriminar su tozudez, para hablar de futuro…  el rechazo que éstos experimentan es rechazo del mismo Dios… hay expresiones muy fuertes hasta llegar a decir: “este es el pueblo que no escucha la voz del Señor” (1 Sam 8, 7; Jer 7, 21-28;  Ez 3, 7).

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La escucha de Dios remite siempre a sus criaturas: “escucha lo que el Señor pide de ti: respetar el derecho, amar la fidelidad y obedecer humildemente a tu Dios” (Miq 6, 8)

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Será en la plenitud de los tiempos cuando Dios realice una alianza nueva, inscrita en el corazón, porque se escucha fundamentalmente con el corazón: otro Hágase cambiará el rumbo de la historia (Lc 1, 38) permitiendo entrañar y encarnar la Palabra. María es la criatura que escucha, que guarda la Palabra en el corazón, que canta la Palabra fiel de Dios en la historia, que obedece la Palabra porque la cumple.

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escucha1Escuchamos para alimentarnos de toda palabra que sale de Su boca (Mt 4, 4), para conocer la Voluntad del Padre y realizarla (Jn 4, 34) porque escucharle es obedecerle (ob-audiens = escuchar lo que está debajo) y es llevarlo a la práctica, para no ser olvidadizos, para edificar la casa sobre roca. Mientras no llevemos a la práctica lo escuchado y desde las entrañas lo demos a luz, es como si esa palabra nos hubiera entrado por un oído y nos saliera por otro… somos esa semilla que se muere sin dar fruto por falta de raíz, o por haber sido asfixiada por lo agobios y afanes (Mt 13, 19-23). Somos como el que se mira el espejo y al darse la vuelta se olvida de quién es (Sant 1, 23-25).

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Escuchar es pues fundamental para orar. Más que hablar, aunque podemos también hacerlo porque Dios mismo también escucha, inclina su oído, escucha nuestros gritos…

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¿Cómo llegar a ser buenos escuchas? Es necesario el silencio. Es imprescindible hacer silencio.

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escucha2El silencio abre a la escucha de una misma, de los demás, de Dios (no podemos decir que escuchamos a Dios si no escuchamos al hermano… esto es un buen termómetro para ver cómo andamos de escucha…)

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El silencio permite acallar ruidos y hacer el hueco necesario a la Palabra en nuestras entrañas… hay que aguardar su palabra como el centinela desea que llegue la mañana… hay que permanecer, haciéndonos capacidad, receptividad.

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El silencio afina el oído interior, nos ayuda a controlar pensamientos destructivos que no nos dejan escuchar al otro ni al Otro, interferencias… el silencio permite escuchar y alumbrar una palabra jamás oída…

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Tiene que ser un silencio amoroso porque lo que nos disponemos a escuchar es fundamentalmente una historia de amor, que pide más amor “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón” (Dt 6, 5)

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El silencio permite la comunión verdadera en cuanto me hace superar prejuicios, etiquetas…  al permitir al otro revelarse en su verdad, no en la mía… y permite también pronunciar palabras mías verdaderas engendradas en lo hondo, no en la superficie, palabras que se lleva el viento.

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«Un silencio sereno lo envolvía todo, y, al mediar la noche su carrera, tu Palabra todopoderosa, Señor, vino desde el trono real de los cielos» (Antífona del Magníficat, 26 de diciembre). El silencio es el lugar al que desciende la Palabra y desde dentro, con ella, dejaremos de estar sordos y podremos captar el mínimo indicio de tantas palabras como Dios sigue pronunciando hoy…

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Consuelo Ferrús, rmi

@consuelormi