A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

ORAR – LA ALEGRÍA DEL PERDÓN

Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest

LA ALEGRÍA DEL PERDÓN

.

Hace ya un tiempo iba yo por la calle y oí algo que me impactó: un niño pequeñito, de 4 ó 5 años iba lloriqueando detrás de su papá, diciendo repetidamente: perdón papá, perdóname papá… una y otra vez, una y otra vez. Tanto me impactó que les fui siguiendo por la otra acera, hasta que ya se metieron en un portal. El papá caminaba rápido a pasos tan grandes y enérgicos que el pequeño casi no podía seguir. Era evidente que el niño había hecho algo que al papá le parecía mal, quizá le habían llamado la atención en el colegio del que salía, y muy enfadado con el niño se lo echaba en cara, le gritaba, le urgía a caminar tan deprisa como él, y el niño seguía y seguía pidiendo perdón… me quedé con la frase del niño bastantes días, y aún hoy me viene a los oídos y me sigue doliendo la escena profundamente. No entendía como ese papá no podía conmoverse por las palabras del hijito. Y pensaba y me alegraba que el Dios en quien creo no fuera así. Jesús nos lo ha contado y el Abbá no tiene nada que ver con ese padre enfadado y duro de corazón.

.

Todos tenemos experiencia de haber hecho algo mal y lo mal que se pasa. ¿No? ¿Qué hacer con el mal que se ha hecho? Es difícil gestionarlo. Y es una pregunta crucial. Mucha vida, o no vida, depende de qué hacer con eso.

.

Y también es difícil gestionar el mal que se nos hace a nosotros. Una de las cosas que me ha alegrado siempre en las Misiones Populares que he participado es la experiencia de la reconciliación entre familias. Sabemos que el resentimiento es como una especie de veneno interior que nos recome y hasta nos puede enfermar. Los psicólogos hablan del poder sanador que tiene el perdón: hacia nosotros mismos y nuestros complejos y heridas, hacia los otros, hacia Dios incluso, cuando le echamos a Él la culpa de algún mal que nos sucede…

.

Empezamos una nueva Cuaresma, tiempo de conversión y reconciliación. Tiempo de caminar hacia la Vida. Tiempo oportuno para el perdón. Y este año, en el marco del Año jubilar de la Misericordia.

.

“En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia. (Lc 15, 1-32). En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón.

De otra parábola, además, podemos extraer una enseñanza para nuestro estilo de vida cristiano. Es la parábola del siervo despiadado (Mt 18, 22)… estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia. El perdón de las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir. ¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices…. escuchemos la palabra de Jesús que ha señalado la misericordia como ideal de vida y como criterio de credibilidad de nuestra fe. «¡Dichosos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia!» (Mt 5, 7) es la bienaventuranza en la que hay que inspirarse durante este Año Santo” (El rostro de la misericordia, 9. Papa Francisco).

.

¡Éste es el tiempo de la misericordia! (Himno de la Liturgia de las Horas). Cultivemos en la oración el encuentro vivo con Dios Misericordia, con su Palabra siempre de vida. Meditemos estas parábolas de la misericordia y hagamos experiencia del perdón recibido y el perdón entregado. Si nos resulta difícil perdonar, porque es realmente difícil, oremos por nosotros para que se nos conceda esa capacidad, y oremos por nuestros enemigos, por los que nos quieren mal. Es lo que nos enseñó y lo que hizo Jesús. (Lc 6, 28; 23, 34) Pongamos al calor de la oración, de la Eucaristía, todo resentimiento y rencor, para que se transforme en amor. Hay quien llama a esto Cristoterapia: la sanación por la fe en Cristo, que tiene poder para hacerlo igual que curó a ciegos, sordos, leprosos… Estoy convencida de la que oración todo lo alcanza y llega a ablandar los corazones. Y llegará también la alegría y la paz del perdón. Llegará la alegría de la salvación a nuestra casa (Cf. Lc 19, 1-10).

.

.

Consuelo Ferrús, rmi

@consuelormi