A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

ORAR – PREPARAR

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PREPARAR

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Con el nuevo curso retomamos nuevas pistas de oración. El lema pastoral de este curso es TE DOY MI PALABRA. Un lema que encierra múltiples sentidos y actitudes a desarrollar: responsabilidad en la palabra dada, confianza, comunicación auténtica, salida de una misma… y sobre todo, la vivencia gozosa de que Alguien nos da su Palabra. Profundizaremos en este lema desde los distintos apartados de esta web.

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Como pistas para orar, cada entrega la vamos a centrar en una palabra. Hoy PREPARAR.

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Podemos pensar que la oración es algo espontáneo que ocurre cuando Dios quiere… y cuando no quiere hacernos esa “gracia” pues no se da. También se suele confundir con un sentimiento… Pero lo cierto es que, ciertamente la oración es un don, el regalo que Dios ha querido hacernos de COMUNICARSE con nosotros, de HABITAR nuestro corazón, (pues Él tiene siempre la primera palabra, Él nos amó primero (1 Jn 4, 19) pero también es cierto que Jesús mismo nos invitó a preparar el terreno, para que la Palabra de Dios encuentre en nosotros una tierra bien dispuesta y trabajada que sólo así dará fruto en abundancia. (Mt 13, 1-23). Dios continuamente dando su Palabra… y nosotros? Qué hacemos con ella? La parábola del sembrador dice que la tierra buena son los que escuchan, entienden y dan fruto. La preparación pues, incluye un cierto trabajo y disposición personal para ello.

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Se me ocurren algunas actitudes necesarias:

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hambre y sedTener hambre y sed, verdadero deseo de escuchar, no solo leer, la Palabra… (Amós 8, 11). Detrás de la Palabra hay Alguien, una persona que me busca, que se goza en dirigirme su palabra, su voluntad, sus planes, su amor… quiere abrirme su corazón… CREERLO. DESEARLO.

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silencio

Aquietar la mente y el corazón. Hacer silencio. Acallar voces dentro y fuera de nosotros. Dice Casiano: “Como resultado del funcionamiento de la memoria, todo lo que nuestra mente estuviera pensando antes de nuestro tiempo de oración nos ocurrirá inevitablemente cuando oremos… De ahí que debemos prepararnos antes del tiempo de la oración para ser las personas orantes que queramos ser.” No solo somos personas orantes en el momento de la oración, sino que implica todo un estilo de vida, una manera de ser, de ahí que como pista nos hará bien simplificar la propia vida en general, de manera que nada nos distraiga en esta tarea de comunicación y diálogo ininterrumpido con Dios.

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PARLOTEOAcallar el parloteo…
 no por hablar mucho es mejor la oración. ¡ya sabe Dios lo que nos pre-ocupa! La oración tiene más de escucha que de hablar. Más de diálogo que de monólogo.

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SOÑARAquietar la imaginación (la loca de la casa, como decía Sta. Teresa), los múltiples deseos que nos invaden, las pre-ocupaciones, las urgencias, todo tipo de pensamientos, emociones… respirar y dejar correr todo ello… no aferrarnos… depositar todo en Sus Manos para que Él se ocupe… ayudarnos en todo caso de un mantra, una jaculatoria, un estribillo, un canto, un verso…

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CORAZÓNPureza del corazón. Para poder decir como S. Pablo. “vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20) hay que emprender la tarea de sanar las heridas del propio ego, que se manifiestan en envidias, rencor, odio, prepotencia… atender a este comportamiento es fundamental, pues del interior del corazón salen los malos pensamientos (Mt 15, 19) y por eso es lo que hay que limpiar primero (Mt 23, 26) para poder orar en espíritu y verdad (Jn 4, 24), sin hipocresía. La oración nos ayuda a tomar conciencia de nuestras heridas y a sanarlas, exponiéndonos a esa fuerza de Dios que todo y a todos cura (Lc 6, 19)

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Consuelo Ferrús, rmi

@consuelormi