A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
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SED

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Puede parecer una palabra extraña como pista para orar, y es que la propuesta para adviento desde esta web,  “#OJALÁ”, me hace caer en la cuenta de la importancia del DESEO en la oración, y de ahí el título de esta pista: la SED.

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Hace bastante tiempo leí un libro que se titulaba “Los deseos y su valor santificador” de F.Juberías, cmf. Quizá el ímpetu de la juventud me impulsó a leerlo buscando un atajo y un remedio rápido para ser “santa”. No recuerdo apenas nada de aquel libro pero sí me quedó, el aprecio por el deseo, y su valor en la vida cristiana. Algo al alcance de todos. El que no desea está muerto. No siempre podemos llegarnos a Dios y presentar nuestras manos llenas de buenas obras, pero sí podemos siempre abrir nuestro corazón lleno de deseos.

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A veces no sabemos bien cómo definir lo que esperamos de la oración, de la relación con Dios… ¿una experiencia mística? ¿una palabra, consuelo, fuerza, mirada, abrazo…? Lo que sí sé es que desde el fondo del corazón deseo dar sentido a lo que vivo, deseo ser acogida, sostenida, salvada, amada totalmente por Otro más grande que yo. Por un Tú a quien le importo. Pues ese deseo ya es oración.

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tomando-agua“Tu deseo es tu oración; si el deseo es continuo, continua también es la oración. No en vano dijo el Apóstol: Orad sin cesar. ¿Acaso sin cesar nos arrodillamos, nos prosternamos, elevamos nuestras manos, para que pueda afirmar: Orad sin cesar? Si decimos que sólo podemos orar así, creo que es imposible orar sin cesar. Pero existe otra oración interior y continua, que es el deseo. Cualquier cosa que hagas, si deseas aquel reposo sabático, no interrumpes la oración. Si no quieres dejar de orar, no interrumpas el deseo.” (S. Agustín. Comentario al salmo 37)

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Muy frecuentemente oramos desde la necesidad y hacemos oración de petición. O desde el agradecimiento y la alabanza por lo recibido. Al llegar el Adviento experimento la necesidad de vivir la oración como ocasión de manifestar, expresar a Dios y expresarme a mí, todo mi mundo de deseos. La oración como SED. Y no solo expresar mi deseo, sino poder AGRANDARLO a la medida de Dios, en Cristo. Porque caigo en la cuenta de que mis deseos son muy chiquitos a veces, demasiado concretos y efímeros… Caigo en la cuenta de que mi deseo es insaciable, no se agota nunca… Obtengo una cosa y sigo deseando otra… Siempre he deseado que algo grande (¿Alguien quizá?) venga a saciarlo de una vez… como decía la Samaritana: “Dame de esa agua para que no tenga que venir al pozo a sacarla” (Jn 4, 15)… pero mientras tanto bebo en charquitos de agua que no quitan la sed (Jer 2, 13)…

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Yo soy un gran deseo. Soy un ser de deseos. Y cuando quedo en calma conmigo misma más lo percibo. Y eso es lo que llevo a la oración: deseos. Mi DESEO. Lo que soy. “Oh Dios, Tú mi Dios, desde el alba te deseo. Mi alma está sedienta de Ti, por ti desfallezco… me saciaré…  y mi boca te alabará” (Salmo 63). ¿No fue el deseo lo que movió a Zaqueo a subirse a la higuera para ver a Jesús que pasaba? (Lc 19, 1-10) ¿o lo que movió a aquella mujer pecadora a acercarse con gran amor a besar y ungir los pies de Jesús? (Lc 7, 36-50)? Los deseos son como esas varas de los zahoríes que indican dónde está el agua… Como dice el poeta: “para encontrar la fuente, solo la sed nos alumbra” aunque sea de noche y no haya luna. Solo la sed.

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sedFísicamente es claro, cuando baja el nivel de agua en el cuerpo salta la alarma y la urgencia de beber. En algunos momentos salta también la alarma espiritual ansiando ser colmada… Y entonces escucho a la Palabra decirme: “el que beba del agua que yo quiero darle nunca más volverá a tener sed, porque esa agua se convertirá en su interior en un manantial del que surge la vida…”(Jn 4, 13); “Me abandonasteis a mí, FUENTE DE AGUA VIVA, para excavar aljibes agrietados que no retienen el agua” (Jer 2, 13); “Venid por agua todos los sedientos… ¿por qué gastáis el dinero en lo que no sacia?… Prestad atención, venid a mí: escuchadme y viviréis” (Is 55, 1-3);

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Mi sed, mi deseo, se encuentra con Su sed, “dame de beber” (Jn 4, 7), “Tengo sed” (Jn 19, 28), con Su deseo: “Ojalá me escuchase Israel y caminase por mi camino” (Salmo 80, 14). En realidad toda la Historia de Salvación es una sed: la de Dios, queriendo comunicarse, darse, ser oído, hacer alianza, esperar al que se va… El corazón se ensancha realmente cuando escuchamos esa ansía divina por apagar nuestra sed. Las personas que más bien hacen en la vida son aquellas que ven más allá de las apariencias, creen en mis deseos, más que yo misma, por encima de mi debilidad, mis meteduras de pata, mi poquedad… Las que me quieren tal como soy…  ¡pues así es Dios! Dios valora intentos, cree en mis deseos y los ensancha, porque Él es mucho mayor que mi capacidad… Su confianza en mí me hace ser la mejor versión de mí misma.

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¿Cómo orar desde la SED?

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En realidad no haría falta ninguna técnica para orar… bastaría hacernos conscientes de nuestro deseo y abrirlo a Dios, y dejar que crezca, y acoger Su deseo… Pero si crees que tu capacidad de desear, y de desear a Dios, es pequeña, o tal vez nula…

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SEDINVOCA. Pídele a Dios mismo que te aumente tu deseo de Él y sus “cosas”, lo agrande… Jesús nos recomendó insistir en la oración (cf Lc 18, 1)… Y lo más grande que Jesús nos enseñó a pedir al Padre es su Espíritu (cf Lc 11, 13). El Espíritu de Dios habita en nosotros, desea a Dios en nosotros, gime en nuestro interior con gemidos inefables y nos enseña a orar como conviene (cf Rom 8).

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RESPIRA. Por eso es bueno “respirar” el Espíritu, llenarnos de él como los Apóstoles junto a María, y este viento impetuoso podrá avivar las cenizas de un amor y un deseo que está en nosotros esperando arder.

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Podemos repetir al ritmo de la respiración durante el día, una frase de un salmo, o inventar una oración personal (jaculatoria llaman algunos, mantras), o el Nombre de Jesús… Si esta oración expresa nuestro deseo, nuestra oración y el deseo serán continuos.

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Y crecerá. No lo dudes. Está comprobado.

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Consuelo Ferrús, rmi

@consuelormi