¿Podemos llamar «Misión» a la vida cotidiana?

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Como cristiana mi misión es Evangelizar, ser testigo de una Buena Noticia: Dios me quiere y me capacita para amar y ser amada.  Como seglar claretiana me siento llamada a vivirla inserta en el mundo, dando testimonio de este amor de Dios en mi vida cotidiana, transformando la realidad desde lo pequeño. 

¿Una humilde y tímida Misión? 

Quizá no somos grandes héroes, pero así entendemos y vivimos la Misión en mi comunidad. Cada día es una oportunidad para ser Buena Noticia con quien se cruza en el camino.

Misión es dar AMOR. Cuidar de los padres ya mayores con ternura. Estar pendiente de lo que necesita cada hijo, educando y dando espacio para crecer. Acompañar a la pareja en el día a día. Atender a un marido enfermo. Construir familia. Poner una palabra conciliadora en medio de las tensiones del trabajo. Escuchar  sin prisa al que se acerca a compartir sus preocupaciones. Sonreír a todos con cariño. Compartir una palabra con la persona sin techo, porque para mi si existe.  Dar testimonio de austeridad en medio del consumismo.  Estar siempre disponible y atento… como María.

Y en ese tiempo que “no sobra” dar un paso más como voluntario en cáritas,  implicados en el AMPA del colegio, echando una mano en la parroquia, participando en los órganos de la diócesis, acompañando a una asamblea de mayores, colaborando en la ONG del cole o participando en un partido político.

Somos gente corriente, con una gran misión: poner un “extra” en lo ordinario.