¡QUE LLUEVA!

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En otoño e invierno es bastante posible que llueva. En Adviento que se nos acerca, pedimos en la liturgia que LOS CIELOS LLUEVAN AL JUSTO, QUE LA TIERRA SE ABRA Y BROTE EL SALVADOR. Son imágenes preciosas. Todo el cosmos queda afectado por la venida de Jesús, el Salvador, el Libertador, el Alfa y el Omega de la historia, origen y meta de todo el Universo. 

Puede ser que andemos agobiados. Preocupados. No estamos bien. Pero podemos orar y disponernos para acoger esta Lluvia, que es el mismo Jesús, y empaparnos bien.

Disponte para un momento de oración:

Invoca el Espíritu Santo para que te ayude a orar como conviene en este momento.

Respira hondo, pacifica todo tu ser. Al inspirar visualiza que el mismo Espíritu va llenando tu ser, o recita el nombre de Jesús. 

Visualiza en concreto la dificultad que te agobia, te entristece… e imagina que sobre esa dificultad llueve la gracia, llueve la misericordia, llueve la bendición, llueve la salud, llueve JESÚS. El que vino, viene y vendrá para dar vida, la salud a los enfermos, liberar a los oprimidos, traer luz a los ciegos, y a todos el perdón y la gracia.

Imagina que te metes debajo de esa “lluvia”, que retiras cualquier paraguas que pueda bloquear, impedir que te empapes bien.  

Aviva la actitud de confianza en que podrás llegar a danzar bajo esa lluvia de gracia y bendición que viene con Jesús.Da gracias porque “cualquier cosa que pidáis en mi Nombre yo lo haré”

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