¡¡¡¡QUÉ VIENEN, YA VIENEN!!!!

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SIN FECHA DE CADUCIDAD

Los Reyes Magos no necesitan presentación. Basta nombrarlos y más aún en estas fechas, para presenciar una sonrisa emocionada en los niños. Basta la cercanía de su llegada para aumentar el nerviosismo infantil, la incertidumbre por descubrir qué traerán, la inquietud e incluso el temor cuando se aproxima la noche más mágica. La magia se repite cada año; cuanto más pequeño o inocente sea el niño, más brillan sus ojos ante la llegada de Sus Majestades.

Pero, ¿sólo los niños? ¿Son los Reyes Magos cosa de niños? ¿Tienen fecha de caducidad? En mi opinión, rotundamente, no. Yo sigo creyendo y disfrutando (creo que cada vez más) en esa magia implícita que les envuelve, en la fantasía que se encarna esa noche.

Y es que, ¿cómo no creer? En este mundo en el que vivimos, tan diverso, con tantas ideologías, tantos estilos diferentes y tantas formas distintas de pensar, de entender la vida, maneras de estar en el mundo. ¿No es ya mágico de por sí el que haya un acuerdo socialmente consensuado para mantener esta ilusión en los más pequeños?  Es el secreto mejor guardado. Solamente el que seamos capaces de salvaguardarlo en favor de la ilusión, la fantasía, la magia, la inocencia, el dar y el recibir, acordarse del otro… Cosas todas ellas en pos del Bien común, ¡ya es un milagro! ¡Es magia! No me digáis que no.

Y este milagro existe. Y es posible gracias a los Reyes Magos.

Así que sigo acostándome pronto la noche de Reyes, dejando las zapatillas al lado de unos dulces y unos vasitos con licor para que Sus Majestades repongan fuerzas; poniéndome nerviosa igual que los más pequeños y disfrutando de todo lo que supone esta mágica noche. Vuelvo a hacerme niña cada 5 de enero y me encanta, porque como decía Unamuno:

Agranda la puerta padre

Porque no puedo pasar

La hiciste para los niños

Yo he crecido, mi pesar.

Si no me agrandas la puerta,

Achícame, por piedad.

Vuélveme a la edad aquella,

En que vivir es soñar.

¡Qué la magia nos acompañe!!,  ¡Felices Reyes! 

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