20200407_EnCasa (1)

#QuédateEnCasa … sobre roca

Ninguna tempestad podrá arrebatarte tu esperanza.

En el momento en el que escribo estas palabras, gran parte del mundo está confinado en sus casas, en camino de hacerlo o deseando acabarlo. Habrá quien pueda refugiarse en una casa amplia y cálida, pero, por desgracia, muchas más personas, alrededor del mundo, deberán confinarse en espacios minúsculos para una familia o sin medios para poder descansar su incertidumbre y su dolor en un entorno acogedor.

Jesús dijo a sus discípulos: – No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?”. Entonces Yo les manifestaré: – Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal.

Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, porque estaba construida sobre roca.

Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: ésta se derrumbó, y su ruina fue grande”.

Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, la multitud estaba asombrada de su enseñanza, porque Él les enseñaba como quien tiene autoridad y no como sus escribas. (Mt 7, 21)

Desde estas líneas quiero acordarme, tener presente en mi corazón a quienes peor lo están pasando, no sólo enfermos, sino, como digo, a aquellos y aquellas que viven el confinamiento en espacios exteriores desolados y poco amables, con escaso o ningún medio de sustento…

Por ello a esas personas quiero dedicarles esta pequeña reflexión desde el corazón. Y es que, cuando no hay hogar ni calidez exterior es cuando, más que nunca, cada persona debe buscar dentro de si los cimientos recios para poder avanzar, para poder encontrar sentido a su situación concreta y hallar la fuerza para levantarse.

Para un cristiano, ese cimiento, esa roca, es el Amor de Dios, un Amor del que quizá en los peores momentos dudemos o no sintamos, pero que siempre está derramándose en nuestros corazones. La relación con Dios cobra especial densidad en las experiencias límite, en la incertidumbre, en la desorientación, en el sufrimiento propio o de nuestros seres queridos.

Es en momentos así, cuando algunas personas viven el don de abandonarse plenamente en Dios y descansar en ÉL. Entonces, lo que en su vida parecía arena, lo que no tenía fuerza, lo que parecía derrumbarse, queda fortalecido, resituado, sostenido.

Esa es la experiencia creyente. Esa fue la experiencia de Jesús de Nazaret con la que conectamos en esta Semana Santa. En la Pascua, con mayor densidad, se nos muestra el horizonte de resurrección hacia el que todo es conducido de forma misteriosa, pero real. Eso es lo que os deseo a los que peor lo estéis pasando en esta pandemia. Que encontréis dentro de vosotros y de vosotras ese Amor absoluto e incondicional de Dios que, día y noche, te abraza y te ofrece una nueva Luz para comprender lo que sucede, lo que sientes, una renovada Fuerza para seguir avanzando, amando, manteniendo la Esperanza.

Quédate en casa sí, pero en tu casa interior donde la arena, al contacto con el Amor de Dios, se transforma en roca y ninguna tempestad podrá arrebatarte tu esperanza. #PruebaASerFeliz

COMPARTE ESTA ENTRADA

Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest
Share on print
Share on email