RELACIONES SANAS. Por Víctor Vallejo

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¿JUGAMOS LA PARTIDA DEL GANAR-GANAR? 

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En la anterior entrada vimos cómo las relaciones sanas respetan la libertad y autonomía de nuestro prójimo. Una cosa es servir a los demás y otra vivir sometidos a los otros. Una cosa es liderar y otra dominar. Una cosa es amar y otra hipotecar tu valía personal. Ahora te propongo profundizar un poco más en el tema de cómo relacionarnos con los demás para alcanzar esa vida plena que buscamos.

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Covey, en su exposición de los siete hábitos de la gente altamente efectiva, explica que el paradigma de las relaciones basadas en la cooperación y en el equilibrio de dar y recibir se llama “ganar-ganar”. Un trato basado en ganar-ganar beneficia a ambas partes y reconoce que no se trata de excluir los intereses del otro, sino de reconocer que hay una solución que beneficia a ambos. El éxito personal no se consigue a costa de otros, sino gracias a otros. Sería ridículo que un matrimonio se preguntara: “¿quién gana en esta relación?” porque, como el mismo Covey aclara, si no están ganando los dos miembros de una pareja, no está ganando ninguno. Y si esto es así en un matrimonio, ¿por qué debería ser distinto en una relación de compañeros de clase o de trabajo?

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En un librito magnífico que os recomiendo leer (se titula La Buena Suerte, de A. Rovira y F. Trias de Bes), sus autores nos revelan que la buena suerte se crea, esto es, ella no te cae del cielo o es fruto de mero azar. Una cosa es que te toque la lotería y otra que trabajes para tener Buena Suerte en la consecución de tus metas. Pues bien, una de las reglas para crear Buena Suerte nos aclara que preparar las circunstancias para la Buena Suerte no significa buscar sólo el propio beneficio. Crear circunstancias para que otros también ganen atrae la Buena Suerte. Es decir, buscar “ganar-ganar” en nuestro trato con las personas supone allanar el camino para generar Buena Suerte en nuestras vidas.

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Este principio es algo que intento inculcar en mis alumnos: si ellos cooperan entre sí, dejan sus apuntes, explican al que más le cuesta, generan un clima de respeto en clase, favorecen la participación de otros…, en fin, esas circunstancias, beneficiaran a todos. Pensar en términos de “ganar-perder” es un engaño. ¿Voy a dejar de prestar unos apuntes a otro compañero para sacar mejor media que él? ¿No entiendo que cuanto mejor sea el nivel y el clima de compañerismo de una clase más contento estará el profesor y sacará lo mejor de él lo cual me beneficiará a mí mismo? Además, explicar lo que uno sabe a otro, no sólo me hace mejor persona (y mejor jefe en un futuro), sino que es la mejor manera de aprender.

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Algo de esto debería tener en la cabeza Nelson Mandela cuando, tras haber estado 27 años preso, fue elegido presidente y se esforzó por unir a negros y blancos en una misma causa. Es verdad que los blancos, con el régimen del apartheid jugaron a “ganar-perder”, pero dos errores no suman un acierto, y, ostentar el poder buscando la revancha era menos inteligente que usarlo para lograr la reconciliación social. Generar circunstancias para que negros y blancos ganaran mutuamente supuso invertir para que la nación de Suráfrica, a largo plazo, tuviera un futuro de Buena Suerte.

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Seguro que Nelson Mandela cumplía con los tres rasgos que definen el carácter de una persona que vive según el paradigma “ganar-ganar”. El primero de ellos, según Covey, es la integridad: el valor que nos atribuimos a nosotros mismos y que nos hace ser personas de principios y de palabra. El segundo es la madurez que para Covey es la capacidad de expresar las propias convicciones combinada con el respeto por las de los demás. Es el equilibrio entre la fuerza del yo y la empatía o entre la amabilidad y la valentía. Y, por último, tener un carácter propicio a la mentalidad “ganar-ganar” supone poseer una mentalidad de la abundancia, la creencia de que en el mundo hay lo bastante como para que nadie se quede sin su porción de éxito. Las personas con una mentalidad de la escasez se sienten mal si tienen que compartir sus capacidades, poder o beneficios porque cree que esto le restará oportunidades. De alguna manera, al empequeñecer el potencial creativo de la Realidad, se convierten en raquíticos morales y se pierden el don de la interdependencia.

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No se puede tratar a las personas en términos de ganar-ganar sin confiar en ellas. Es verdad que la vida no es tan idílica para que siempre podamos generar relaciones basadas en ganar-ganar, pero no por ello he de perder mi capacidad de confiar en las personas. La confianza es la base de toda relación que busque el crecimiento de la persona. Un coach, por ejemplo, no puede trabajar con un cliente si no ve en él una persona por naturaleza completa, creativa y llena de recursos.

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Estamos celebrando la Pascua, el acontecimiento espiritual que nos revela que ni la muerte ni la tiranía ni la sumisión tienen la última palabra. El futuro que Dios ha soñado para nosotros es un reino donde todos juguemos a ganar-ganar, un reino donde abunde la Buena Suerte. ¿Te apuntas a este juego?

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Víctor Vallejo