RESILIENCIA. Por Víctor Vallejo

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POR MUY MAL QUE VAYAN LAS COSAS,  ¡TODO VA BIEN! 

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Comenzamos nuestra andadura hacia la realización personal presentando a una mujer modelo que afrontó una grave dificultad desde una actitud alegre. Ella será un claro ejemplo de que es posible seguir estando a gusto con uno mismo y con la realidad aun cuando nos toque vivir situaciones graves. Esta admirable mujer, en definitiva, nos ayudará a entender que por muy mal que nos vayan las cosas,  ¡todo va bien!

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Betany Hamilton era una adolescente con un futuro prometedor en el mundo del surf. Ya con 12 años había sido segunda en el campeonato Nacional sub-18 de Estados Unidos, compitiendo con chicas mucho mayores que ella. Contaba con las cualidades y los patrocinadores necesarios para llegar a ser la primera a nivel nacional, pero un 31 de octubre de 2004, mientras entrenaba en Hawái, un tiburón tigre le amputó su brazo izquierdo de un solo mordisco. Bethany tenía tan solo 13 años cuando toda su vida parecía venirse abajo.

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La propia Bethany, en su web oficial, cuenta cómo afrontó esta crisis existencial. Ella logró salir a flote gracias al amor de su familia, el apoyo de sus amigos y su fe cristiana. Tras reponerse físicamente, pasó una temporada replanteándose su futuro. ¿Qué hacer? ¿A qué dedicaría su vida, cuando todo su afán estaba puesto en ser una surfista profesional? Rezaba junto a su madre pidiendo a Dios que la ayudara a elegir, pensó en ser fotógrafa…, pero nada le satisfacía tanto como surcar las olas en su tabla de surf. Así que, llegados a este punto, tomó una decisión definitiva: aprender a surfear de nuevo con un solo brazo, algo que no resultó fácil, pero que mereció la pena porque consiguió regresar al mundo de la competición y ser lo que realmente le hacía feliz.

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¿Qué podemos aprender del caso de Bethany Hamilton? Lo primero que me viene a la mente es una frase de Nietzsche citada por Victor Frank en su famoso libro El hombre en busca de sentido. La frase reza así: “Quien tiene un por qué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”. 

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El primer paso para vivir una vida plena es encontrar un por qué para vivir que sea lo suficientemente sólido para no depender ni de bienes pasajeros ni de los vaivenes de la vida. El tiburón arrancó a Bethany su brazo, pero no logró llevarse a las profundidades del abismo su razón para vivir. Su portavoz, a los pocos meses de la tragedia,   declaró: “Ella cree que logró llegar a tierra sólo porque cuando perdió el brazo Dios le tenía algo reservado. Ahora su objetivo fundamental es utilizar su propia experiencia para ayudar a otros. Quiere hablar de las mujeres que hacen surf y de su fe. Bethany no desea que digan que es valiente o una heroína. Sólo quiere ser natural, ser ella misma”. Hoy en día, Bethany reconoce que la pérdida de su brazo ha sido el trampolín perfecto para dar a conocer al gran público su lema de vida (una frase que yo mismo extraje de un documental sobre su vida): “Servir a Dios con toda mi vida y ser luz para el mundo.”

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Otra enseñanza que nos aporta el caso de Bethany es que somos libres para elegir cómo vivir la vida, pero no para elegir qué me va a pasar el día de mañana. Es decir, nuestra libertad no es ilimitada o, lo que es lo mismo, por mucho que nos empeñemos, no llegaremos a ser Dios, dueños absolutos del devenir de la vida. Tras su accidente, Bethany tenía la excusa perfecta para haberse amargado la vida a sí misma. ¿No tenía todo el derecho del mundo a enfadarse con la vida cruel? Es más, desde su opción cristiana, podía haberse enfadado seriamente con Dios: “¿es así como tratas a tus hijos? Mira lo que has permitido: dejarme sin futuro y sin brazo”. Pero no fue así: Bethany no eligió que el tiburón le atacara, pero sí eligió volver a montar en una tabla de surf y a aprovechar la fama para difundir sus valores humanos. En esto consiste la verdadera libertad.

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Las personas reactivas, como nos recuerda Covey, son las que continuamente echan la culpa de lo que no hacen o logran a las circunstancias. Por ejemplo, en el caso de Bethany, una respuesta reactiva sería: no he conseguido competir porque un tiburón me amputó el brazo. Por el contrario,  las personas proactivas concentran su energía en lo que está en su mano hacer y aceptan su responsabilidad sin echar balones fuera. Siguiendo con el caso de Bethany, ella fue proactiva porque asumió que ella no era responsable de haber perdido un brazo, pero sí estaba en su mano volver a aprender a mantener el equilibrio en una tabla de surf. Sólo las personas proactivas son responsables de su propio éxito. Las personas reactivas sueñan con ganar un día la lotería para ver cumplidos sus sueños.

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Hay un concepto que está ahora en boga: ‘resiliencia’. Nombra a la capacidad de superar las dificultades, saliendo fortalecido de éstas. En un mundo que apuesta por la cultura del mínimo esfuerzo y la búsqueda del confort, no está mal recordar que tanto la resiliencia como la perseverancia y el esfuerzo son condiciones del verdadero éxito. Si no, ¿cómo habría logrado recomponer su vida Bethany Hamilton sin estos valores?

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Espero que Bethany Hamilton os haya resultado fuente de inspiración en vuestra carrera a la vida feliz y alegre. Recuerda: por muy mal que te vayan las cosas, todo va bien, si quieres. ¡Tú decides! 

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Víctor Vallejo