Web_En_Buenas_Manos_02_09_19-min
Ianire Angulo Ordorika

Ianire Angulo Ordorika

Sabernos en buenas Manos

No hay nada más frágil y vulnerable que un bebé, porque dependen absolutamente para todo de los adultos que le cuidan y protegen. Esto explica las veces en que la Biblia habla de la confianza de los niños. Y es que, para la mentalidad bíblica, creer no es otra cosa que confiar en Dios, por eso la Escritura nos invita a situarnos ante Él como un bebé.

En la época de Jesús no se tenía la valoración que nosotros tenemos de la infancia, por eso tenía que resultar bastante llamativo que dijera eso de “yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mt 28,3). Un bebé no puede alimentarse, cuidarse ni protegerse, sino que su vida depende totalmente de otros. De un modo parecido, lo esencial de nuestra existencia cuelga de las manos de un Dios que nos quiere con locura y del que nos podemos fiar. 

Si nos creyéramos más que el Señor nos cuida de manera misteriosa, no dejaríamos de ser responsables con nuestra tarea, pero seguramente nos dejaríamos de preocupar por todas esas cosas que a veces nos roban el sueño y que no dependen de nosotros (cf. Lc 12,24-26). Entonces estaríamos tranquilos y confiados sabiéndonos en los brazos de Dios. ¿No será esta nuestra mejor actitud ante el nuevo curso que se inicia? No sabemos qué es lo que nos deparan los próximos meses, pero sabemos que estamos en las Buenas Manos del Padre y que, pase lo que nos pase, nos pasará con Él. Así no es difícil que nos sintamos como el salmista: “me mantengo en paz y silencio como un niño en el regazo de su madre” (Sal 131,2). 

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